La picaresca por una cama

La Voz

LUGO

ÓSCAR CELA

SUSO VARELA EN DIRECTO El Camino de Santiago en verano es una competición para llegar a los albergues

22 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde las diez de la mañana llevan Eva y Pedro, dos peregrinos murcianos, apostados en la puerta del albergue de Palas de Rei. «Tenemos que salir a las cinco de la mañana si queremos conseguir una cama». A medida que pasan los minutos, detrás de ellos se agolpan más compañeros de viaje. Al mediodía, la cola da la vuelta a la esquina. La responsable del albergue de Palas recuerda que las sesenta plazas se cubren en el mismo momento en que se abren las puertas, a las 13 horas. «Sempre temos que meter máis xente no chan do comedor». Los peregrinos, entre la desilusión y las ganas por acabar, lo reconocen: «esto es una competición», «no disfrutas del camino», «debería haber más control», «los ciclistas nos sentimos discriminados», «hay mucho tongo», son algunas de las frases más repetidas. La avalancha de gente que este verano está haciendo la ruta jacobea desbordó las previsiones más optimistas. Los problemas se agravan en la entrada en Galicia, y en concreto a partir de Sarria, punto en el que parten buena parte de los peregrinos, dado que está a más de cien kilómetros de Santiago. Éste es el requisito para conseguir la apreciada Compostelana, documento que certifica la hazaña. La Ruta Jacobea se convierte de esta forma en una picaresca por conseguir una cama. Pablo y Óscar, dos jóvenes canarios cansados de entrar en la guerra de los albergues, afirman que «si quieres disfrutar del paisaje y vivir el camino tienes que dormir en hostales, de lo contrario te amargas». La picaresca aparece en forma de coches de apoyo que aparcan a unos kilómetros del albergue y dejan a personas que hacen unos kilómetros a pie. Hay quien dice que alguno se hizo pasar por ciego para tener cama libre. «A pesar de tener que estar pendiente de conseguir un sitio donde dormir, merece la pena el esfuerzo sólo por la cantidad de gente maravillosa que te encuentras», señalan unos peregrinos extremeños. También hay personas «legales». Mónica y sus amigas, de Valencia, sólo anduvieron ayer 11 kilómetros. Al entrar en el albergue de O Cebreiro dicen: «no queremos cama, sólo un poco de suelo donde dormir».