Empleados de Frimisa y de Sintel acuden desde hace meses a sus trabajos, aunque no tienen nada que hacer Veinte empleados de Frimisa y veintidós de Sintel madrugan todos los días para acudir a sus respectivos centros de trabajo, pero para estar toda la jornada de brazos cruzados. La actividad, tanto en el matadero de vacuno como en la empresa de montajes telefónicos, es nula desde hace varios meses. Cada día, según aseguran, les cuesta más traspasar, a unos, el umbral de la industria de Casás y a los otros de la nave de O Ceao, porque saben que están condenados a permanecer ocho horas sin hacer nada.
01 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Un trabajador de Sintel definió la permanencia en la oficina de la nave de O Ceao como «oito horas dentro dunha celda». Desde que en el mes de marzo del pasado año acabara el contrato con Telefónica, el trabajo se fue reduciendo paulatinamente hasta llegar a la inactividad total. Los empleados de Frimisa llegan a las instalaciones de Casás a las seis de la mañana. Las salas donde hace un año sacrificaban cerca de mil reses al mes ahora están completamente vacías y acusan el deterioro. A una de las cámaras frigoríficas ya se le ha desplomado el techo. La plantilla de Frimisa está unida, aunque surjan de vez en cuando las diferencias de criterio y tensiones propias de una situación laboral como la que están atravesando. A media mañana encienden una hoguera en la que preparan un copioso desayuno, como una forma de matar alguna de las ocho horas de la jornada laboral. «Temos que comer aquí, porque o mellor chegas a casa e levas unha mala razón, porque aparecer varios meses seguidos coas mans baleiras non é fácil», aseguraba un operario. Las cartas también son un recurso para los trabajadores de Frimisa, que tienen una ventaja, las amplias zonas verdes de las instalaciones.