Una exposición recoge toda una década dedicada a fotografiar los aspectos más cotidianos de la vida Fotografías de un tiempo y de un lugar. Eso es lo que va a admirar el público que visite la exposición de Virxilio Viéitez. Imágenes que despiertan gran interés tanto desde el punto de vista estético como documental, porque representan un gran retrato colectivo hecho con una gran simplicidad de medios.
13 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El visitante puede viajar en el tiempo y situarse en Tierra de Montes hace cuarenta años. Allí fue donde Viéitez plasmó en imágenes los diferentes aspectos de la vida de la comarca: el trabajo en el campo, la matanza, los bailes o los partidos de fútbol. Sin embargo, gran parte de su tiempo lo dedicó a fotografiar bodas, velatorios y muertos. Este tipo de retratos llegaron a convertirse en documentos históricos de incalculable valor y permiten profundizar en la idea del papel que juega la fotografía como instrumento que prolonga la memoria en el tiempo. Lo mismo podría decirse de los retratos de carné, que él realizó a principios de los años 60 en la provincia de Pontevedra. La escenificación que Virxilio Viéitez utiliza en sus reportajes destaca tanto por su sencillez como por su singularidad. La mayoría están realizados en el exterior e introducen planos vegetales como uno de los elementos esenciales de la de la imagen. El resultado es siempre una perfecta integración con el entorno, incluso cuando introduce animales. En los retratos, caracterizados por la frontalidad y el estatismo, lo más significativo es la expresividad de los fotografiados, que imaginan estar asistiendo a un mágico ritual.