Autobronceadores que no te dejan naranja

Estas son las mejores marcas: las más vendidas y las más recomendadas. Adiós a los tobillos, los codos y las muñecas llenas de manchas

A principios del siglo XX, Coco Chanel le dio la vuelta al canon estético durante un crucero por el Mediterráneo. Hasta entonces, las clases altas consideraban la palidez todo un símbolo de su ilustre abolengo: a la sombra, se mantenían blancas y frescas, lejos de los que necesitaban deslomarse bajo el sol para poder sobrevivir. Pero la diseñadora se fue de vacaciones. Y reapareció radiante en Cannes. Sonrojada, acalorada.

El mundo quiso ser como ella. Tener sus favorecedoras mejillas doradas.

Erradicada como rasgo diferenciador de clase en ese mismo momento, la lividez quedó relegada a síntoma de poca salud. Y a pesar de resultar para algunos toda una peculiaridad a su favor -quién no conoce a un pálido atractivo-, el rubor y la lozanía adelantaron de golpe a la piel traslúcida en la lista de factores que potencian la guapura.

Lo sabemos, y sabiéndolo hemos reaccionado de tres formas distintas: 1) resignados, aguardando impacientes los primeros rayos del sol y esquivando toda cámara de fotos presta al disparo en los meses críticos; 2) dejándonos el sueldo en intensivas y poco recomendables sesiones de rayos UVA; y 3), recurriendo, pragmáticos, al autobronceador, un producto cosmético -bien en toallita, spray, crema o mousse, aceite, espuma, leche o gel- que oscurece la piel sin necesidad de sol. No la pinta, no la maquilla. Reacciona con las proteínas de la capa más externa de la dermis generando melanoidinas, compuestos coloreados similares al auténtico moreno.

Es saludable. Y una alternativa eficaz para no perder el color durante todo el año. Pero ojo, su uso no es sencillo: el autobronceador es propicio al desastre, a las manchas, a la fluorescencia. Y durante horas, incluso días, el resultado es irreversible. Para no acabar completamente naranja, hay que cuidar dos cosas: el producto (cualquiera, no) y su aplicación. Vamos con la primera:

St.Tropez Self Tan Bronzing

Es el autobronceador por excelencia. Quién lo prueba, lo aconseja; y pocas más pegas tiene que su precio, algo elevado. La marca St.Tropez es todo un referente en esta cosmética bronceadora y este, su producto clásico: una espuma (o mousse) que huele muy bien, muy fácil de aplicar y que se seca rápidamente. Con un tono perfecto (no muy oscuro, puede que algo ligth para algunos), es perfecto para ocasiones puntuales, ya que no dura demasiado (entre dos y cuatro días). Si no quieres arriesgarte y estas dispuesto a aflojar el bolsillo, esta es la mejor opción. 

Se vende también en una versión más pequeña, de 120 mililitros.

St.Tropez Self Tan Express

La versión exprés del anterior es el más vendido de la casa. Con todas las ventajas del clásico, garantiza un moreno acelerado: puede ser aplicado solo un par de horas antes de salir y el resultado será óptimo. Además, permite controlar el tono en función del tiempo que se mantenga sobre la piel antes de ser aclarado: podemos dejarlo una, dos o tres horas. Y luego, a la ducha. De ello dependerá la intensidad del color de la piel. 

St.Tropez Self Tan Luxe Dry Oil

Y para acabar con St. Tropez, el aceite seco -sus tres bestsellers son el clásico, el exprés y el óleo-. Requiere un especial cuidado en su aplicación porque su textura es poco consistente, su intensidad es media y deja la piel excepcionalmente suave, hidratante y brillante (quizá para algunos, demasiado brillante). Además, el resultado es duradero, más que el de las mousses (aunque la marca insiste en que diez, el aceite aguanta unos cinco días, que no está mal).

St. Moriz

El autobronceador St. Moriz es la vesión low cost del St. Tropez, pero una versión de bajo coste dignísima que poco tiene que envidiar al líder del mercado. Hay que tener más cuidado, eso sí, a la hora de aplicar el producto y, en caso de que tiña poros y granitos, darse una ducha o un lavado de cara a continuación, sin esperar las horas recomendadas, y listo. Deja un bronceado muy natural, nada zanahoria -ojo, no hacerse con la versión dark si lo que buscamos no es un acabado demasiado oscuro-. Y el bolsillo lo agradecerá. 

Clinique Self Sun

La loción autobronceadora Clinique Self Sun cumple todas las expectativas: resulta fácil de aplicar gracias a su fórmula fluida, deja un buen tono (no demasiado oscuro, muy natural), sin marcas, y huele bien. El bronceado dura unos cuatro días y es uno de los productos más recomendados por las usuarias.

Fake Bake

El mayor problema del Fake Blake Flawleess es también su aplicación: al ser en spray, se recomienda rociarlo en un guante, porque si no es muy difícil conseguir un resultado uniforme. Y aún así es complicado, resulta muy desordenado.

Puntos a favor: se seca muy muy rápido y proporciona un tono que se adapta al de cada persona, un moreno nada artificial, más similar al cobrizo que al anaranjado. 

Phenomenal de Vita Liberata

Formulado con componentes naturales, el autobronceador Phenomenal de Vita Liberata no tiene ni parabenos ni alcohol. Cuenta con dos tonos para elegir, el medium (que a pesar de ser el más bajo, es elevado) y el dark, más oscuro. Su gran ventaja es su textura, en espuma: es muy suave y fácil de extender. Y desaparece progresivamente, no deja manchas en la piel cuando el efecto comienza a desaparecer. Promete de dos a tres semanas de bronceado perfecto.

Airbrush Legs de Sally Hansen

No es un autobronceador como tal, sino un spray con color para las piernas que elimina imperfecciones, eleva un tono y resiste al agua durante las primeras horas (después, se elimina con dificultad bajo la ducha). Deja la piel hidratada y suave, y el resultado se ve al momento, lo que permite corregir imperfecciones sin necesidad de esperar a que se seque. Hay cuatro tonos disponibles, que se adaptan al color de cada piel particular, por lo que el que hay que escoger es el propio, no el tono deseado. Perfecto para la transición: desprenderse de las medias los primeros días de sol.

Skin Tight Body Lotion de Prtty Peaushun

Ya la llaman la crema con efecto Photoshop por lo bonitas que deja las piernas y por su sorprendente capacidad para disimular los pequeños defectos. Al igual que la anterior, aporta color con efecto progresivo, corrige imperfecciones y genera un tono bronceado gracias a unas sutiles partículas reflectoras de la luz. Se trata de un producto vegano, elaborado con ingredientes 100 % naturales como el aceite de aguacate, el pomelo o el extracto de té verde. El precio ronda los 32 euros, el formato pequeño, y 49, el grande.

Aplicación

Con un buen producto autobronceador en mano, procedemos a su administración, Lo primero que hay que hacer es exfoliarse muy bien la piel, previa aplicación, para que el resultado sea uniforme. Podemos hacerlo con algún producto específico o -truco casero- mezclando azúcar con jabón. Pero la clave es la esponja: lo mejor es eliminar las células muertas en la ducha, directamente aplicando el gel con una esponja adecuada. 

Lo segundo: secarse bien el cuerpo. A la hora de aplicarse el producto, la piel tiene que estar totalmente seca. Nada de echarse antes cremas hidratantes.

A continuación, la aplicación propiamente dicha. Lo más recomendable es hacerlo de noche, antes de dormir, y utilizar un pijama viejo para meterse en la cama porque es habitual que el producto deje algún residuo durante las primeras horas. Para extender el autobronceador por el cuerpo es muy útil recurrir a un guante adecuado o a una esponja de maquillaje corporal (la famosa Beauty Blender tiene una versión más grande perfecta para esto), especialmente si escogemos el mousse. Las cremas pueden aplicarse bien con las manos.

Se empieza por las piernas, difuminando bien la zona. Primero por la tibia, tobillos y los empeines; después, los muslos. A continuación, brazos y manos, el pecho (y el escote y el cuello, hacia arriba) y, por último, el abdomen y la espalda, la parte más difícil. Hay que tener especial cuidado con las zonas más «afiladas», en las que suele concentrarse el producto: rodillas, tobillos, talones, clavícula, codos, muñecas y nudillos. No aplicar nunca sobre las palmas, ni de las manos ni de los pies. 

Luego hay que esperar de cuatro a seis horas -por eso es mejor hacerlo a última hora del día- y darse una ducha. El agua retirará los restos -suele teñir el agua de color oscuro-, por lo que a partir de ese momento, no manchará más. Para mantener un tono bronceado durante varios días, es recomendable aplicar el mismo producto cada 3 o 4 días, ya que le renovación celular hace que desaparezca al desprenderse la capa superficial de la piel. 

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