Los templarios volvieron por un día a las tierras de Sober

La asociación Bergidum Templi escenificó en la iglesia de Canaval un ritual de ordenación de monjes caballeros

Un momento del ritual de ordenación de «Guntrodo de Canaval» y «Asunción del Condado de Lemos»
Un momento del ritual de ordenación de «Guntrodo de Canaval» y «Asunción del Condado de Lemos»

MONFORTE / LA VOZ

La iglesia de la parroquia de San Pedro de Canaval -en el municipio de Sober- fue escenario este fin de semana de una singular celebración. La asociación cultural Caballeros Bergidum Templi, con sede en Ponferrada, llevó a cabo la recreación teatralizada de una ordenación de monjes caballeros de la antigua orden de los templarios, que hasta hace siete siglos poseyó en Canaval una bailía o encomienda de la que dependieron varias iglesias y propiedades repartidas por las actuales provincias de Lugo y Pontevedra.

Siguiendo la tradición propia de la orden templaria, la ceremonia se celebró durante la medianoche del sábado al domingo. Según explican desde la asociación organizadora, los actos se ajustaron lo que se conoce acerca de los rituales de ordenación de los templarios, excepto en la presencia de mujeres, que en la realidad histórica no formaron parte de esta ni de ninguna otra orden monástico-militar. La entidad, en cambio, cuenta con un buen número de socias, comenzando por su presidenta, Nancy Rodríguez. En la ceremonia fueron ordenados los hermanos Eloy y Purificación Álvarez -dos miembros de la asociación con raíces familiares en Sober-, que recibieron respectivamente los nombres simbólicos de Guntrodo de Canaval y Asunción del Condado de Lemos. Eloy Álvarez, por otro lado, es actualmente el vicepresidente de la entidad.

Numerosos asistentes

Antes de que se celebrase la ordenación, cerca de cuarenta integrantes de la asociación desfilaron ataviados con trajes de época desde la estación ferroviaria de Canaval hasta la iglesia de la parroquia acompañados por un gaiteiro que interpretó la marcha del antiguo reino de Galicia. El desfile y la ceremonia atrajeron a numerosos vecinos de varias parroquias de Sober y de los vecinos municipios de Pantón y Monforte, de manera que la iglesia quedó abarrotada. «Os actos despertaron moítisima expectación e aínda que unha celebración deste tipo é algo nada habitual aquí, non esperaba que viñese tanta xente, e sobre todo tendo en conta que a ordenación comezou á medianoite», señaló a este respecto el alcalde Luis Fernández Guitián, que estuvo entre los asistentes. La celebración terminó en torno a la una de la madrugada.

Los responsables de la asociación Caballeros Bergidum Templi señalaron que esta jornada tenía el objetivo de ayudar a divulgar y popularizar el pasado templario de la parroquia de Canaval, un aspecto hoy poco recordado del patrimonio histórico de la Ribeira Sacra. Con la misma finalidad, la entidad ha organizado anteriormente otras jornadas similares en diferentes lugares de la provincia de León relacionados con la antigua orden del Temple. La ordenaciones son protagonizadas por integrantes de la asociación una vez que han cumplido sus primeros tres años como socios.

En la iglesia de Canaval, por otra parte, no hay en la actualidad ningún letrero o señal que explique que este lugar perteneció en la Edad Media a la orden de los templarios. Pero el alcalde señala que el Ayuntamiento de Sober tiene previsto instalar próximamente una serie de paneles divulgativos en varias iglesias de origen románico del municipio y que uno de ellos se colocará junto a la de Canaval para recordar a los vecinos y visitantes la existencia de la antigua encomienda templaria. Los otros templos medievales en los que se colocarán estos paneles de información son los de las parroquias de Amandi, Bolmente, Lobios, Proendos y Pinol.

La antigua orden militar tuvo también posesiones en Guntín de Pallares y Láncara

Además de las menciones que se conservan en diversos documentos históricos, en la iglesia de Canaval queda un vestigio material de su antigua pertenencia a la orden templaria. En un lado de su pila bautismal está labrada una figura que al parecer representa a un caballero de esta orden. «Non sabemos se do outro lado da pía hai algunha outra figura simular, porque esa parte está virada cara a unha parede da igrexa e non pode verse», explica el alcalde. «Xa pensamos en levantala para ver se hai algún outro relevo gravado, pero non é fácil porque a pía é moi pesada», añade.

La referencia más antigua que se conoce de la bailía templaria de Canaval, según el historiador Carlos Pereira Martínez, aparece en un documento datado el 29 de abril de 1196 en el monasterio de Ferreira de Pallares. De acuerdo con este investigador, la orden pudo establecerse en el sur lucense en la segunda mitad del siglo XII e iría incrementando paulatinamente su importancia en el siglo XIII, lo que llevaríoa a la constitución de la encomienda de Canaval. A mediados de esta última centuria aparece mencionada con más frecuencia en otros documentos históricos.

Otros dominios lucenses

La encomienda de Canaval fue una de las tres que poseyó la orden de los templarios en el territorio de la actual provincia de Lugo. Las otras dos fueron las de San Fiz do Ermo -en el municipio de Guntín de Pallares- y Neira, en Láncara. En Galicia existieron también otras encomiendas templarias en el municipio ourensano de Amoeiro, Coia -en el barrio vigués del mismo nombre-, Betanzos, Cambre, Ferrol y A Laracha. Estas encomiendas contaban a su vez con varios pequeños dominios repartidos por otras partes de Galicia. Según los documentos históricos que se conservan hoy, la de Canaval tuvo propiedades en la parroquia de Vilaescura -situada igualmente en Sober-, Pantón, Chantada, Taboada, Lalín y Dozón. Según algunas opiniones, también pudo tener otros dominios en O Saviñao y Carballedo.

Al igual que sucedió en la mayoría de los reinos cristianos occidentales, los templarios desaparecieron de Galicia a principios del siglo XIV. En octubre de 1307, el rey Enrique IV de Francia -muy endeudado con la orden- inició contra ella un proceso judicial bajo una serie de acusaciones de herejía e idolatría basadas en confesiones obtenidas bajo tortura. Unos años después, en 1312, el papa Clemente V decretó la extinción de la orden, cuyos miembros se dispersaron a partir de entonces.

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