Los propietarios de los dos únicos restaurantes de Canabal vieron impotentes cómo la crecida del Cabe se tragaba sus negocios Viven al lado del río, pero nunca pensaron que la fuerza del agua iba a ser tanta que se quedarían con lo puesto. La riada del jueves apenas les dio tiempo a reaccionar. Abel Álvarez y Javier López perdieron el jueves pasado sus negocios de hostelería, los dos restaurantes de Canabal (Sober). Su historia es la de cientos de personas de los lugares más castigados por el temporal que, en el mejor de los casos, esperan que las aseguradoras privadas les compensen por lo que quedó bajo el agua.
11 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Las huellas de lo que el Cabe hizo en Canabal el jueves pasado eran visibles aún ayer en los alrededores del río. Una cuba de madera entre las ramas de un árbol, cientos de botellas y restos de la basura arrastrada por las aguas durante kilómetros quedaban todavía entre las casas del pueblo, que vio crecer en tres metros el nivel del agua del Cabe. Todo ocurrió en apenas tres horas. Abel Álvarez no pensó que el río fuese a llegar tan lejos. El jueves madrugó para ver cómo iban las cosas por su casa de comidas, la parrillada O Regato. «Ás sete e media non había prácticamente nada», explica. Tranquilo, volvió a su casa para participar en una matanza. Cuando a las doce volvió al restaurante, ya tuvo que entrar en coche porque una fina capa de agua cubría todo el aparcamiento. A las dos de la tarde, Abel tuvo que ser rescatado por un vecino con un tractor. Su mujer y sus dos empleadas habían escapado poco antes, después de ver cómo el río se llevaba varias cámaras frigoríficas y decenas de sillas y mesas. El agua alcanzó dos metros y medio de altura en la parrillada O Regato. En el restaurante situado justo a pie de río, en la zona de baño, fue algo más. Javier López tiene allí su negocio y su casa. Del primero apenas queda nada y la vivienda es un lodazal. Él, su mujer y sus dos hijas, de uno y cinco años, viven desde entonces en casa de unos parientes. La crecida no les dio tiempo ni a salvar la ropa. «Non vira nunca nada parecido, pasou todo nun momento, de repente o río colleu unha forza impresionante e xa non puidemos facer outra cousa que escapar».