monforte / la voz

En la parroquia de Soutordei -del municipio de Ribas de Sil- se halla la aldea de Souto, que quedó deshabitada hace un cuarto de siglo. Sus últimos vecinos fueron una familia -padre e hijo- conocidos como los Ferretes. Tras este largo período de abandono, la localidad está en proceso de restauración. Varias viviendas están siendo rehabilitadas y ya hay algún vecino que vive allí de forma regular.

Como indica su nombre, la aldea está rodeada de un gran bosque de castaños en el que hay varios sequeiros. Cada vivienda tenía el suyo propio, pero además había sequeiros que eran propiedad de vecinos de la montaña de Caldelas, que poseían algunas partes del souto. Manuel Cao, vecino de San Clodio y profesor jubilado, se acuerda recuerda ver dos casas abiertas en la aldea, de esto hace unos cincuenta años. Una de ellas era la ya mencionada de los Ferretes y la otra, la de Gervasio. Este último había venido de Canfranc, donde trabajó de guardagujas en la célebre estación ferroviaria internacional. «Uns anos máis tarde abandonou a aldea e marchou para San Clodio, onde vive a día de hoxe», señala Cao.

Castañas y madera

La economía de la aldea era de subsistencia, basada en la agricultura y la ganadería, y en ella tenía un importante peso la recogida de la castaña. Una buena parte estaba destinada al autoconsumo y a la ceba del ganado porcino, y el resto se vendía tanto en verde como en seco. «Cando era o tempo da recollida e a seca da castaña -recuerda Manuel Cao-, eran as mozas as encargadas de facelo e pasaban longas temporadas nos sequeiros, ás veces ata trinta días seguidos». Los sequeiros de Souto están por debajo de la aldea, a una distancia de unos 150 metros. El camino de acceso a estas construcciones se encuentra actualmente cerrado por la maleza. Para poder llegar a los sequeiros hay que seguir por la carretera en dirección a Piñeira a lo largo de unos cuatrocientos metros. Después es preciso desviarse por una pista de tierra a la izquierda y que lleva directamente hasta este conjunto de construcciones, situado a unos quinientos metros. La mayoría de ellos -hay unos ocho o diez-, se encuentran en ruinas o en muy mal estado.

Otro importante recurso para los vecinos de Souto era la madera de castaño. En la poda se aprovechaban las ramas con un grosor de entre ocho y diez centímetros y una longitud de dos metros. Estas estacas iban a los viñedos de San Clodio y Quiroga. «Tiñan moita demanda e fixéronse moitos cartos a conta delas», dice Cao. La madera de castaño también se procesaba para hacer tableros y vigas.

DESDE SAN CLODIO

hay que salir de la capital del municipio por la carretera que lleva a San Pedro, Soutordei y Souto. Esta última localidad se encuentra a una distancia de ocho kilómetros

Fiestas de antaño y una romería que resiste

La época de más animación en la vida de Souto, según recuerda Manuel Cao, «era a da seca da castaña, cando había moita festa na aldea e sobre todo no souto». Muchas veces los festejos eran amenizados por gaiteiros como el llamado Penelo o bien -cuando eran más importantes las celebraciones- por un grupo de tres músicos de Vilanuíde. Pero con el paso del tiempo y con el despoblamiento de la localidad todo esto fue decayendo hasta desaparecer por completo.

Lo que no ha desaparecido es una romería que se sigue celebrando en Souto a mediados de septiembre, en honor a la Virgen de Montserrat. Este culto se debe, según todos los indicios, a los muchos vecinos de la parroquia de Soutordei que estuvieron emigrados en Barcelona. Fueron ellos quienes trajeron una imagen de la referida virgen a la iglesia parroquial, donde permanece guardada a lo largo de todo el año. Cuando se celebra la romería en Souto, la imagen es trasladada a una pequeña y singular capilla de madera que construyeron en la aldea, donde se la venera y se oficia una misa en su honor solamente ese día. «É unha romaría que cada ano é máis popular e acude moita xente de San Clodio, Quiroga e de contorna», comenta Manuel Cao.

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Souto, renacer de una aldea en declive