LA TRIBUNA | O |
12 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DE NUEVO escucho las campanas de nuestro querido monasterio de Ferreira pero no reconozco su sonido habitual. Me empiezo a preocupar y pongo más y más atención hasta que, con gran tristeza, me percato de que esas campanadas son de despedida. ¡Alguna hermana nos ha dejado! Sí, ha sido nuestra querida Sor Inmaculada, columna vertebral de la vida monacal durante años y vecina ejemplar del barrio de Curro, donde se ubica dicho monumento. A él nos acercamos no sólo los vecinos más allegados sino también los del entorno para acompañar al resto de las religiosas. La comunidad queda huérfana cada vez que una hermana se va ya que deja un hueco no rellenable, insustituíble, irremplazable. Pero, querida comunidad, que vuestra tristeza y ese hueco se colme un poco con la presencia y el apoyo incondicionales de los ciudadanos de Pantón. De la misma manera que vosotras llevais siglos conservando la mayor riqueza arquitectónica y espiritual que tenemos y que hace que nuestro pueblo sea conocido no sólo a nivel nacional y europeo, sino también mundial. Gracias hermanas, estamos a vuestro lado.