Julia y Arturo construyeron en el rural su refugio cultural: «Estase a chegar a un punto no que as cidades che quitan máis do que che dan»

CARMEN NOVO REDACCIÓN / LA VOZ

O INCIO

LAURA LEIRAS

Concebida como un punto de encuentro para artistas, esta galería dejó su pequeño espacio del centro de A Coruña para empezar una nueva etapa en una aldea de O Incio

22 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La galería Grelería nunca fue una sala de arte al uso. «Gustábame esa idea de que non supuxese un reparo entrar, con todos os estigmas que isto ten, e facer as cousas o máis abertas posible», reflexiona Julia Lago. Ella inauguró el espacio, junto a otras compañeras, en un pequeño bajo de la céntrica calle de San Andrés, en A Coruña. Durante dos años enfocaron su trabajo a la obra gráfica, a la serigrafía, a la risografía y a la artesanía contemporánea. Estrecho y colorido, la ilustradora recuerda cómo ocupaban la plaza para organizar exposiciones, conciertos, comidas populares, festivales de autoedición y talleres abiertos. «Xerouse unha comunidade moi linda. Había xente diversa e moi motivada co proxecto, que apoiaba calqueira cousa que facíamos e compartía con nós esa ilusión creadora ou creativa», cuenta Julia, que hace dos primaveras decidió que era hora de cerrar sus puertas para continuar con la aventura en una aldea de O Incio, en Lugo

Allí encontraron aquello que echaban de menos en la ciudad. «Antes, a xente pasaba moito pola Grelería para facer un café de dez minutos de camiño algún sitio. Agora, isto non queda de camiño a nada. De vir, tes que pasar un rato», reflexiona la ilustradora. Para ella, aunque el proyecto ha transformado su concepto, mantiene la cosecha de esa céntrica calle coruñesa. A Julia lo que le gusta, y que destaca como motor de ambos espacios, es juntar a la gente : «O forte era que podiamos ocupar a praza para facer actividades que incluían a un público moi diverso. Non só nos poñíamos en contacto as artistas —algo importante a nivel gremio, porque normalmente levamos os nosos porcesos creativos na nosa casa sen compartir as dúbidas con ningúen—, senón que tamén nos podíamos xuntar coas veciñas».

Para O Incio combinó su mudanza profesional con una personal. Vive en la casa, que reformó con la ayuda de amigas y de vecinas, junto a Arturo y a sus dos gatos. La actividad principal son las residencias artísticas, pero con un particularidad: todas terminan con un evento participativo dedicado a vecinos y a amigos en el que cada uno muestra lo que hizo durante ese tiempo. «Esa idea de xerar espazos comunitarios paréceme importante. Aquí aínda fan máis falta este tipo de propostas», reflexiona Julia.

«Na cidade é moito máis doado atopar xuntanzas culturais. Todo funciona, en xeral, moi concentrado nos mesmos espazos. Sería guai que fóra das urbes tamén tiveramos unha rede potente, que demostráramos —como se fai desde moitas outras iniciativas, que eu non inventei nada—, que se pode facer cultura de excelencia desde o rural. Desde aquí pode acontecer de todo», continúa la ilustradora.

La actividad principal de la Grelería son las residencias artísticas, con la característica de que, al terminar, organizan una muestra abierta para que puedan ver el proyecto todos los vecinos.
La actividad principal de la Grelería son las residencias artísticas, con la característica de que, al terminar, organizan una muestra abierta para que puedan ver el proyecto todos los vecinos. LAURA LEIRAS

En la Grelería siempre hay gente entrando y saliendo. Por sus estancias han pasado personas relacionadas con la música, con la ilustración, con la restauración, con la pintura y con la banda diseñada. Poner la casa a su gusto fue un reto; los espacios tenían que adaptarse a las necesidades de las diferentes disciplinas artísticas que conviven en ellos. La instalación no era una ruina, pero no estaba habitada. Construyeron e hicieron trabajos de albañilería, de cantería y, con ayuda del carpintero y del herrero de la zona, montaron sus propios muebles. Para una de las habitaciones destinadas a artistas —hay dos, una en la que caben dos y otra para tres— hicieron un altillo. 

Fue una labor común: «Pasounos unha cousa moi linda. Había fins de semana nos que tiñamos moito traballo e necesitábamos mans. Pensando que era un chamamento para as miñas amigas, para que o souberan sen ter que comprometer directamente a ninguén, colgueino en redes. De súpeto, escribiunos xente descoñecida. Viñeron seis ou sete rapazas dúas fins de semana distintas para axudarnos xenerosamente. Agora son novas amigas», cuenta Julia.

En una de las habitaciones de las artistas hicieron un altillo. Cuenta Julia que los muebles los construyen con la ayuda de un carpintero y de un herrero de la zona.
En una de las habitaciones de las artistas hicieron un altillo. Cuenta Julia que los muebles los construyen con la ayuda de un carpintero y de un herrero de la zona. LAURA LEIRAS

«Na Coruña eramos un aquipo pequeno e que eu facia moitas veces as xestions sola para sacar as cousas adiante, pero sinto que aqui non se pode facer nada soa. Cando hai que mover leña, necesitas veciños. Cando eles recollen as patacas, eu tamen vou axudar. Todo funciona moito mellor en grupo», continúa la ilustradora.

A Julia, más que tener miedo a que no entendieran el concepto de la Grelería —por ejemplo, que fueran un espacio vegano y sin internet ni cobertura—, le asustaba no saber adaptarse ella a su cultura y a su forma de convivir, un pensamiento que rápidamente se esfumó. Ella, que todavía está aprendiendo qué es el rural, asegura que el resto de habitantes de la aldea han acogido al proyecto con los brazos abiertos: «Celebran que esteamos aqui, que queiramos habitar o territorio e apender cousas da terra e dos oficios da zona». Son todos y suelen pasarse por las actividades que organizan. 

Por la residencia ya han pasado escritoras, músicas, restauradoras, pintoras, ilustradoras y artistas de banda diseñada. Intentan que los proyectos que conviven durante ese tiempo ?que normalmente suele ser de entre doce días y un mes? sean compatibles entre sí.
Por la residencia ya han pasado escritoras, músicas, restauradoras, pintoras, ilustradoras y artistas de banda diseñada. Intentan que los proyectos que conviven durante ese tiempo ?que normalmente suele ser de entre doce días y un mes? sean compatibles entre sí. LAURA LEIRAS

El espacio de la Grelería sirve para que las artistas trabajen sin distracciones y para que compartan sus procesos creativos, un equilibro entre las horas de soledad y la comunicación de las quejas y de la propuestas. Julia piensa que ambos proyectos, el de A Coruña y el de O Incio, tienen muchas cosas en común. Son propuestas para juntarse y compartir dirigidas a todo tipo de público, desde niños hasta personas mayores. Mientras que allí exponían el resultado, aquí comparten el proceso. Los diferencian los ritmos, porque en O Incio son más lentos. Llegar lleva su tiempo y las visitas no son express. «Estase a chegar a un punto no que as cidades che quitan máis do que che dan», resume Julia.