Medio siglo como utillero: «Non quero morrer sen ver o Lemos en Terceira»

LUIS CONDE MONFORTE / LA VOZ

MONFORTE DE LEMOS

CARLOS CORTÉS

Juan Rodríguez empezó en el club de Monforte cuando tenía 12 años

31 ene 2026 . Actualizado a las 19:18 h.

El Club Lemos puede presumir de contar con uno de los utilleros más longevos de Galicia. Juan Rodríguez Doce lleva medio siglo ligado a este histórico del fútbol gallego. Y con 77 años aún le queda cuerda para rato. «O Lemos é a miña vida», comenta Rodríguez, que antes de casarse con su mujer puso como condición continuar ligado al conjunto monfortino.

Su relación con el Lemos comenzó con tan solo 12 años. Antes, jugó en el Calasancio, pero sus padres le prohibieron seguir por miedo a una lesión. Juan ayudaba a su progenitor en el coche de correos y también trabajó en el Teatro Lemos. Un buen día, Suárez y Obeso, jugadores del Lemos que venían en este coche le pidieron a su padre que dejara ir a Rodríguez al fútbol. Lo autorizó. «Recordo que cando cheguei ao Luis Bodegas, o daquela utilleiro, Pequenán, regaloume unha camiseta de Lemos e eu comecei a axudar en todo», dice.

ALBERTO LÓPEZ

Su ascensión fue meteórica. Con Pontoni como técnico del primer equipo, Rodríguez fue técnico del juvenil. Pero tuvo que dejarlo por la presión de dos directivos para que jugaran sus hijos. «Non xogaban porque non tiñan calidade», señala.

Tras su marcha lo fichó el Calasancio, con un sueldo de 25.000 de las antiguas pesetas. «Leváronme para aí o Padre Mateo e o Mourelo», indica. Pero su corazón seguía siendo lemista.

Once años después regresó al Lemos de la mano de Manolo Ferreiro, que le proporcionó un sueldo de 40.000 pesetas. Ejercía de directivo y de utillero. Fue un innovador. De su mano llegó una máquina para marcar el campo. «Facíano cunha regadeira», señala.

En una visita del Salamanca a Monforte, su delegado le dio directrices para su trabajo. «Asesoroume, e dende aquela, todo foi coser e cantar», puntualiza.

ROI FERNANDEZ

Juan vive por y para el Lemos. Son unas diez horas diarias las que dedica al club. Mima a sus futbolistas. «Teñen toda a roupa preparada e o que necesiten. Aquí trabállase como se fose un club profesional», indica. Eso sí, el almacén de la ropa es un espacio sagrado. Nadie se lleva ninguna prenda sin permiso. En una ocasión, un jugador se llevó ropa del Lemos y la utilizó para jugar un partido en la pista de la Compañía. «Vino e desnudeino», asegura.

Rodríguez está ilusionado con esta temporada, en la que confía en el ascenso. Con emoción asegura que «non quero morrer sen ver o Lemos en Terceira». Es su sueño. Por sus venas corre sangre lemista.