Ilustres edificios de Monforte que acabaron por desaparecer del mapa

Felipe Aira

MONFORTE DE LEMOS

Este edificio de la calle Doutor Casares albergó la antigua fábrica de gaseosas Pum
Este edificio de la calle Doutor Casares albergó la antigua fábrica de gaseosas Pum XÍLGARO

Pese a su gran interés, en las últimas décadas se perdieron valiosos inmuebles en el casco urbano

18 oct 2023 . Actualizado a las 21:02 h.

La relación de inmuebles civiles con historia que se han perdido en las últimas décadas es lamentablemente abundante en Monforte. Un ejemplo notable es el de la antigua casa de gaseosas Pum, vivienda de los fundadores de la capilla de San Pedro, en la calle Doutor Casares. Corrían los últimos decenios del siglo XIX cuando Antonio López Fernández —capitán graduado, teniente del Cuerpo de carabineros— y su esposa, Emilia Espinosa Gimeno, deciden construir su casa en la que entonces se conocía como calle de la Peña o carretera de Lugo. Era una de las que prometían mayor desarrollo, siendo el único acceso entre la recientemente inaugurada estación ferroviaria y el centro de la población.

El matrimonio escogió un lugar en el que prácticamente no había edificaciones en esa época. Decidieron además construir una capilla anexa bajo la advocación de san Pedro, inaugurada en 1886. Durante un tiempo, la calle se denominó incluso con el nombre que la capilla. Cuando Antonio y Emilia fallecen, respectivamente en 1900 y 1906 — ella con 106 años de edad—, sus hijos seguirán dando un sentido al hogar levantado por sus padres con momentos de mayor o menor esplendor, y así a lo largo de cuatro generaciones.

Los hijos fueron Emilia, Consuelo y Amador López Espinosa. Emilia se casó con Manuel Vázquez Macía y este matrimonio, avecinado en Vigo, no tuvo hijos. Consuelo se casó con Antonio Rodríguez Goicoechea, con quien tuvo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Los suegros de Consuelo fueron Benita Goicoechea y Manuel Rodríguez Castro.

Este último fue un destacado vecino y político monfortino de siglo XIX, con casa blasonada en el llamado popularmente callejón de Castro —oficialmente calle de la Ventanilla, hoy calle Inés de Castro—, donde guardaban varias piezas de valor procedentes del extinto convento franciscano monfortino. Una de ellas era la lápida sepulcral de la capilla de los judeoconversos Gaibor, hoy en el Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense.

Amador López Espinosa, que siguió viviendo en la casa de la Peña, fue una de las personalidades más activas que tuvo Monforte entre finales del siglo XIX y la primera parte del XX. Era comerciante y corredor de seguros, y estuvo vinculado a la banca local. Presidió el Casino de Caballeros en 1933 y de antiguo había sido miembro de la directiva local de Cruz Roja. Desde 1915 también ejerció como directivo y presidente de la Asociación de Exploradores Monfortinos. Casado con Pilar Baamonde, fue padre de una numerosa prole, ocho hijos en total.

Fábrica de gaseosas

La fábrica de gaseosas Pum fue fundada por Amador López Espinosa a finales del siglo XIX en los bajos de la casa de la calle de la Peña. La empresa —que pasó posteriormente a su hijo, nieto y bisnieto— tuvo diversos reconocimientos oficiales, como una medalla otorgada en 1896 en la Exposición Regional de Lugo. En la casa se celebraban fiestas en honor a san Pedro con «gran aparato», como indican las crónicas de la época. En cuanto a vistosidad y lucimiento, estos festejos se desarrollaban de una manera adelantada a su tiempo, con abundantes fuegos de artificio. Una crónica de estas fiestas del año 1926 cuenta: «Un aspecto realmente fantástico ofrecían los hermosos jardines de la casa de don Amador López Espinosa, donde la fiesta tuvo lugar.

Apariencia versallesca

En los sitios destinados a bailes de organillo y orquesta, así como en los paseos de la finca, se lucía una espléndida iluminación eléctrica y a la veneciana, admirablemente combinada. Entre la fronda se habían colocado bombillas eléctricas de múltiples colores, que reflejándose en los estanques y en las tazas de los surtidores daban al lugar una apariencia versallesca.

Todos los puestos de consumiciones, entre ellos la bonita barrera valenciana emplazada en el centro del jardín, aparecían adornados con guirnaldas y flores. Estos puestos, así como los de venta de tabacos, churros y otras cosas verbeneras, estaban servidos por hermosas señoritas. Otros grupos de bellas muchachas se dedicaban a la venta de flores obteniendo una recaudación cuantiosa.

A medianoche, se sirvió a la concurrencia un exquisito chocolate, cuyo precio aumentaron los consumidores con espléndidas propinas. Casi todas las muchachas iban ataviadas con mantones de Manila, poniendo una nota juvenil y airosa de elegante clasicismo».

Los hijos de Amador —que falleció en 1946— fueron Antonio, Camilo, Luisa, Manuel, Marina, Matilde, Ramón y Rosario López Baamonde. Manuel, el mayor de todos, casado con Sara Baliña Pérez, fue el heredero de la fábrica de gaseosas. Con el tiempo la empresa pasó a su hijo, Manuel López Baliña. Una hija de este último puso el punto final al negocio, que durante toda su trayectoria estuvo en los bajos del inmueble hoy desaparecido.

La casa de Tomás Vázquez

Otro ilustre edificio desaparecido fue la casa de Tomas Vázquez Casanova, levantada en 1923 en la actual calle Leopoldo Calvo Sotelo. La fecha estaba indicada en una inscripción situada en la parte alta de su fachada de cantería, junto a las iniciales de su fundador, T. V. C.

Tomás Vázquez fue un acaudalado almacenista e industrial que estuvo activo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. En documentos municipales de 1930 aparece como uno de los industriales que más pagaban como contribuyentes. En 1909 ya figuraba junto con su padre, Fernando Alonso Vázquez, almacenista de jamones. Su esposa fue Rosa Alonso. Su hijo José Vázquez Alonso se casó con Aurita Rueda. Un hijo de José Vázquez Alonso, conocido como Penedo, fue Pepín, el marido de María del Carmen Bodegas.

Fachada de la casa construida en la calle de A Coruña por el médico Eustaquio Beloso
Fachada de la casa construida en la calle de A Coruña por el médico Eustaquio Beloso ARCHIVO FELIPE

La casa de Eustaquio Salustio Beloso, primer médico con consulta fija en el barrio de la Estación

En 1906 se construyó la casa del doctor Eustaquio Salustio Beloso Rodríguez, primer médico con consulta fija en el barrio de la Estación. Natural de Laiosa —en el municipio de O Incio—, se casó con María Margarita Beloso y Casas. El médico mandó grabar su nombre en la fachada de cantería del edificio, situado en la entonces llamada calle del Progreso y hoy de A Coruña.

Eustaquio Salustio Beloso fue miembro del comité organizador del homenaje que se rindió en 1900 —el año de su muerte— al ilustre médico monfortino Maximino Teijeiro Fernández. En 1904 fue nombrado subdelegado de Medicina en Monforte, un cargo que seguía ocupando en 1912.

Un negocio afamado

En el bajo del edificio donde estaban la vivienda y la consulta del doctor Beloso estuvo instalado durante décadas un afamado comercio que regentó Emilio Franjo, dedicado a la venta de tejidos, ultramarinos y paquetería. Emilio, casado con Maruja Guntiñas, tuvo cuatro hijos: Roberto, Mari Carmen, Milucha y Beatriz. Dos hermanos de Emilio eran Eladio y Luis.

Eladio tuvo un negocio de ropa deportiva en la plaza de España y después en la avenida de Galicia. Luis regentó una tienda de ultramarinos en la esquina entre las calles Concepción Arenal y Rosalía de Castro. Emilio también tendría establecimiento en la calle del Cardenal, en las actuales Galerías Fontecha. En esta misma casa del barrio de la Estación estuvo el que podemos denominar último y genuino zapatero de portal, de la familia de los Rufín, que posteriormente trasladó su negocio a una casa de la parte final de Doutor Casares.