La olvidada historia del mártir yacente

El obispo de Lugo mandó sacar la tumba de la desaparecida iglesia de la plaza de España en 1796 y fue descubierta durante unas obras en 1931

Estatua del abad yacente o mitrado, ahora conservada en el Museo Provincial de Lugo
Estatua del abad yacente o mitrado, ahora conservada en el Museo Provincial de Lugo

MONFORTE

Durante las obras llevadas a cabo en la actual plaza de España entre febrero y abril del año 1931, en la etapa de Alfonso Espinosa Feijoo como alcalde, salió a la luz una estatua yacente que perteneció a la desaparecida iglesia parroquial de Santa María de A Régoa que se levantaba en ese lugar de Monforte. Relacionada con la leyenda local de la corona de fuego, existen documentos históricos en los que se alude a su carácter milagroso de la talla. Se elevada sobre cuatro leones y los devotos por debajo para curar sus males. Hoy se puede ver entre los fondos del Museo Provincial de Bellas Artes de Lugo con más pena que gloria. Por historia y por ley, su lugar debería ser Monforte.

La pieza presenta desperfectos importantes a la altura de la cabeza, donde tenía un «casquete de hierro» que le habría sido arrancado. En la documentación municipal consta el acuerdo por el que se cedió en depósito al museo lucense la estatua del abad, que tras su hallazgo en las excavaciones realizadas en la plaza de España había sido guardada en el patio de la antigua casa consistorial. La cesión se llevó a cabo precisamente para evitar que la escultura sufriese nuevos deterioros

«El señor Tizón manifiesta que antes de levantar la sesión tiene que hacer un ruego a la Presidencia. Concedida la palabra dice, que como es sabido en las excavaciones hechas para reformar la Plaza de la República se ha encontrado una estatua yacente de un abad cuya estatua ha sido trasladada al patio de esta casa consistorial. En el estado en que se encuentra está expuesta a que sufra deterioro y por ello pide a la Corporación acuerdo sea entregada en Depósito a la excelentísima Diputación Provincial, para que forme parte del museo provincial», recoge el acta de la sesión.

Foto antigua de la plaza de España, donde fue descubierta la estatua del abad yacente
Foto antigua de la plaza de España, donde fue descubierta la estatua del abad yacente

El acuerdo detalla que la cesión no implicaba «la renuncia a la misma de parte del Ayuntamiento, que podrá reclamarla el día que sea organizado un museo en esta localidad. La propuesta de Juan Tizón fue aprobada por unanimidad. A aquella sesión ordinaria asistieron el alcalde: Justo Mazaira Noguerol, y los concejales Alfonso Espinosa Feijoo, Juan Tizón Herreros, David Barreiro Rodríguez, José Rodríguez Díaz, José López Crespo, José Díaz Vázquez, Ramón Goyanes Gayoso, José María Soto Rodríguez, Manuel López Cadórniga, Jesús Carballada Méndez, José Ledo Torres, Manuel Rodríguez Rodríguez y Ramón Quiroga Fernández.

Cesión en depósito

El Ayuntamiento, y como tal todos los monfortinos, sigue siendo el dueño de la pieza. Lo que se aprobó en la sesión ordinaria celebrada el 31 de julio de 1932 fue su cesión en depósito, que por cierto se materializó con prontitud. En el libro de registro del Museo Provincial de Lugo se puede leer que el asiento de entrada tiene fecha del 1 de octubre de 1932. En ese mismo libro se describe la pieza como «una estatua yacente en piedra de mármol hallada en Monforte», cedida por ese Ayuntamiento tras su hallazgo «al rebajar el pavimento de una de las plazas de dicha ciudad».

En las escrituras antiguas del monasterio benedictino de San Vicente, siguiendo el libro registro de escrituras de fray Mancio de Torres del año 1613, figuran anotaciones de interés relacionadas con el abad yacente y la leyenda de la corona de fuego. Fray Mancio habla de «Andrés Pardo primero, que dizen murió como mártir por defender las cosas del monasterio» y añade una anotación al escrito que, aunque luego fue tachada, todavía es legible. En ella apunta que a este abad «púsole el conde un casquete de hierro ardiendo».

En el año 1640, se le añade el siguiente escrito: «Está enterrado en la iglesia de la Régoa aneja al monasterio en un sepulcro de piedra labrada de su estatura y con el casquete de hierro en la cabeza. Está su sepultura en medio de la iglesia levantando de la tierra y es fama que los enfermos de oídos que pesaban por debajo del sepulcro, sanaban».

A comienzos del siglo XVII, la documentación existente en el monasterio de San Vicente fue registrada, previo estudio y catalogación, por el archivero de la orden benedictina fray Mancio de Torres, que no duda en afirmar siguiendo documentos hoy perdidos, que corresponde al abad Andrés Pardo, que estuvo gobernando el monasterio de San Vicente del Pino, entre los años 1509 y 1512. El conde de Lemos era entonces Rodrigo Enríquez de Castro y Osorio, uno de los condes más beligerantes.

Las autoridades eclesiásticas, celosas de su fama, lo denominaban «el figurón»

La sepultura labrada en piedra del abad estaba en medio de la iglesia. Los enfermos con problemas de audición pasaban por debajo con la esperanza de curarse. En el año 1796, el obispo de Lugo mando quitar este sepulcro y así se hizo. La tradición se había ido perdiendo y al Obispado de Lugo no le agradaba el ascendente que había tenido sobre los feligreses aquella sepultura que, elevada sobre cuatro leones, contenía los restos de un abad del monasterio de San Vicente do Pino.

Los conflictos que se sucedieron a lo largo de los siglos entre el Obispado de Lugo y los monjes benedictinos de Monforte estaban detrás de la orden de retirada del sepulcro, que las autoridades eclesiásticas de la época denominaban despectivamente en sus escritos como «el figurón».

Los monjes de San Vicente protagonizaron disputas con la casa de Lemos y el Obispado
Los monjes de San Vicente protagonizaron disputas con la casa de Lemos y el Obispado

Los monjes, por otra parte, no seguían incentivando y promoviendo el recuerdo y veneración hacia los restos que contenía el sepulcro. En las escrituras del monasterio que se conservan no hay noticia alguna sobre su posicionamiento frente al Obispado de Lugo para evitar que la figura del abad yacente fuese quitada del lugar en el que estaba desde comienzos del siglo XVI. Como decimos. Trescientos años después, todo lo que envolvía a la sepultura, venerada como milagrosa por los monfortinos, se había difuminado.

Todo indica que fue arrinconada en el cementerio anexo o en otro lugar de la iglesia parroquial que se levantaba en la actual plaza de España. Allí se mantendría hasta la demolición que casi cincuenta años después, concretamente en 1840, se hizo del templo románico de Santa María de A Régoa. El derribo no trajo consigo el traslado de dicha sepultura, que quedó abandonada a su suerte entre los escombros.

Así siguió hasta que en 1931, con motivo de unas obras, fue descubierta por los trabajadores. Se da crónica que una vez encontrada la escultura yacente, durante días, a los obreros se les ordenó que siguiesen excavando en el lugar, pero nada más aparecido relacionado con ella. Sí encontraron abundantes huesos y restos de enterramiento del cementerio que durante siglos existió junto a la iglesia.

El cementerio que condenó la iglesia románica de Santa María da Régoa

felipe aira
La plaza de España de Monforte en una postal de principios del siglo XX, cuando se llamaba plaza Mayor
La plaza de España de Monforte en una postal de principios del siglo XX, cuando se llamaba plaza Mayor

Daba nombre en la Edad Media a la actual plaza de España y fue demolida en torno al año 1840

La actual plaza de España fue el epicentro de la vida local monfortina durante la Edad Media fuera de los muros de la antigua fortaleza. Su denominación más antigua, de entre las diversas que tuvo a lo largo de los siglos, es Plaza de Santa María da Régoa, por encontrarse en este lugar desde los lejanos siglos medievales la iglesia románica del mismo nombre. También aparece designada en algunas ocasione, igualmente en el medievo, como plaza del Açouge. En la segunda parte del siglo XIX comienza a rotularse con diferentes nombres: Plaza de la Constitución, plaza Mayor, plaza de Primo de Rivera, plaza de la República o la actual plaza de España.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

La olvidada historia del mártir yacente