Las minas de Freixo, el hierro que salía de Monforte para el III Reich

El capital alemán impulsó entre 1924 y 1948 la explotación del mineral, que iba en tren hasta Rande para ser embarcado

Ruinas del antiguo cargadero de las minas de la paroquia monfortina de Freixo
Ruinas del antiguo cargadero de las minas de la paroquia monfortina de Freixo

monforte

La historia documentada de las minas de Freixo -situadas en la parroquia monfortina del mismo nombre- se remonta al menos al siglo XV, cuando el primer conde de Lemos disponía de un grupo de hombres para custodiar este yacimiento de hierro. Una casa y almacén junto a la Porta Nova de la muralla servía para guardar el material extraído. En un documento de finales del mencionado siglo, perteneciente al archivo histórico municipal de Monforte, ya se alude a «los guardias de Freixo». De aquella explotación quedaba a finales del XIX la única impronta de la cueva conocida como A Ferreira, utilizada por los pastores de la zona como refugio. En el año 1899, el lucense Julio Núñez daba los primeros pasos para materializar un ambicioso proyecto de explotación de las minas de Freixo.

Vicepresidente de la Cámara de Comercio de Lugo e impulsor de los trenes ganaderos que tanta riqueza aportaron a Monforte a través de la estación de ferrocarril, Núñez estaba convencido del valor del yacimiento. Las cuatro montañas del coto de Freixo, con siete kilómetros y más de cuatro millones de metros cuadrados de superficie, constituían la porción de la Compañía General Minera de Galicia. Aunque aportó todo su capital para abrir galerías y comenzar la producción, el dinero no era suficiente y surgieron los primeros reveses.

A comienzos del año 1901, un grupo de ingenieros franceses e ingleses comisionados por una importante firma extranjera se presentaron en Monforte para examinar las minas de Freixo. No fructificó ningún acuerdo, pero Julio Núñez siguió adelante con su idea. Tras nuevas gestiones, aparece en escena un grupo de relevantes gallegos, algunos emigrantes en Buenos Aires. Entre ellos estaba José María Miranda Luaces, lugués e iniciador del Banco de Galicia y Buenos Aires.

El estudio económico y los trabajos presentados por Julio Núñez llamaron la atención de Miranda. Tras las oportunas comprobaciones, procedió a la creación de una empresa regional, la Sociedad General Minera de Galicia, que comienza en junio de 1912 a preparar la explotación de Freixo bajo la dirección del reputado ingeniero Alfredo Lasala.

Ruinas del edificio en el que estaba el lavadero y el cargadero del mineral del Freixo
Ruinas del edificio en el que estaba el lavadero y el cargadero del mineral del Freixo

Al proyecto se unen los banqueros Ricardo Rodríguez Pastor, que se convierte en presidente: y Pedro Romero, que acepta ser gerente. José María Miranda consigue de entre sus conocidos los primeros dos millones de pesetas. En ese momento se incorporan al consejo de administración a Francisco García Olano, síndico del Banco de Galicia y Buenos Aires y presidente de la Ibero Platense; Andrés Castro, persona de gran crédito en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires; y José Álvarez Fernández, propietario de la famosa marca Cigarrillos Centenario.

Entre Vigo y A Coruña

En 1913, según crónicas de la época, esta compañía tenía al menos veinte mil toneladas de mineral extraído y acumulado en sus escombreras. Quedaba todavía por realizar la conducción aérea entre Freixo y la estación de destino. Dudaban entre Canaval, si el mineral iba a Vigo, o Monforte, si viajaba hasta A Coruña. Se preveía que para comienzos de 1914 estaría terminada esta instalación, que tendría una extensión de al menos seis kilómetros. El almacén que se debía construir en la estación ferroviaria sería para 20.000 o 25.000 toneladas de hierro. En el destino elegido, que finalmente sería Rande, debería levantarse otro depósito, además del muelle cargadero. El cargamento, de un tren diario, saldría por mar a los diferentes destinos.

En julio de 1913 las negociaciones entre esa compañía minera y la Compañía del Norte estaban a punto de cristalizar en un acuerdo para embarcar el hierro en el puerto de A Coruña. Sin embargo, a finales de ese año seguía sin formalizarse. Para el transporte del mineral la compañía disponía de un millón de pesetas, al que había que sumar el capital preciso para hacer frente a los gastos en jornales y material. Había treinta y cuatro galerías que medían más de tres kilómetros, por lo que las necesidades de liquidez eran muy elevadas.

Las negociaciones con la compañía de ferrocarriles para rebajar las tarifas de transporte en los años 1912 y 1913 son complicadas y el proyecto se ralentiza. Las conversaciones con las compañías de ferrocarriles encallan y se paralizan las actividades en las minas de Freixo. La solución llegaría en 1924. En noviembre de ese año se informaba que una empresa de capital alemán constituida en Madrid, Mineras de Hierro de Galicia, iba a explotar Freixo.

Gerente y vicecónsul

El mineral se transportaba en vagonetas acopladas a un teleférico hasta la cercana estación de Canaval y de allí se conducía en tren para su embarque en Rande. El funicular tenía más de ocho kilómetros y fue proyectado por el ingeniero Rafael Saenz-Díaz. La dirección y oficinas de la empresa estaban en Monforte y su director gerente era Federic Wilhelm Cloos, ingeniero de minas. La bandera nazi ondeaba en el exterior de los diferentes inmuebles que albergaron esas dependencias en el Viceconsulado de Alemania.

Las oficinas pasaron por diversos lugares de Monforte en sus diferentes etapas. Estuvieron en la calle Doctor Teijeiro, frente a la plaza de abastos; en la actual avenida de Galicia, en el inmueble en cuyo bajo hay una agencia de viajes; y en unas dependencias del antiguo Liceo Artístico. Una hija de Cloos casada con Guillermo Fernández Otero -alcalde de Monforte y representante de la casa ducal de Alba en Galicia, entre otros cargos- ocupó uno de los pisos del referido edificio, en la calle Doctor Casares.

El director de la compañía, a su vez vicecónsul alemán, dirigió el suministro de hierro en la etapa más activa de las minas, entre los años 1926 y 1931, cuando llegaron a trabajar en Freixo trescientos obreros. Todo indica que el mineral que salía de Monforte se destinaba a la fabricación de armamento. La actividad se mantuvo hasta 1948 bajo esa misma administración. Tres años después de la derrota alemana, asume la explotación otra firma que mantuvo las minas en funcionamiento hasta 1960.

La etapa más activa fue entre los años 1926 y 1931 y llegaron a trabajar trescientos obreros

La Guardia Civil se despliega por un atentado contra el vicecónsul

Con la llegada de la Segunda República, los mineros de Freixo comenzaron a exigir aumentos salariales. La mayoría no podían vivir solamente de lo que ganaban allí y tenían que trabajar también en el campo. En sesión plenaria celebrada por el Ayuntamiento de Monforte en 1931, se comunica lo siguiente: «Fueron enterados [los integrantes de la corporación] de un escrito del Sindicato de Obreros Mineros dirigido al Sr. Gerente de la S.A. Minerales de Hierro de Galicia, en el que piden un aumento del cincuenta por ciento en todos los salarios de los obreros que trabajan en las minas del Freijo».

Ese mismo año, el sindicato de mineros de Freixo pide al Ayuntamiento que facilite trabajo «a los mineros parados que están sin sustento para ellos y sus familias». El entonces concejal socialista Juan Tizón Herreros -quien más adelante sería el último alcalde republicano de Monforte- censuraba con dureza la actitud de la empresa, según consta en las actas de los plenos de la época. «Empresa -decía Tizón- que para destruir el movimiento y desacreditar las justas peticiones de los obreros, no dudaron en hacer ver con sus propagandas en la prensa de Galicia, que se trataba únicamente de un movimiento de carácter sindicalista y anarquista cuya campaña no prevaleció».

Terreno conquistado

«Esta propaganda se agrava -proseguía el concejal socialista- con la circunstancia  de ser extranjera la empresa y el representante de la misma también extranjero, los cuales toman nuestro país como terreno conquistado, explotándolo cual si fuese una colonia y pisoteando las leyes reguladoras del trabajo y del salario, como no se atreverían a realizar en su país, donde tan estrictamente se cumplen».

Las huelgas llegaron a paralizar en 1931 la actividad de la mina. En un pleno de 1932 se da cuenta de que el ingeniero jefe y vicecónsul de Alemania en Monforte había sido objeto de un atentado. La corporación es informada entonces de que el gobernador civil había acordado «la concentración de cinco números de la Guardia Civil en esta Ciudad, al objeto de organizar un servicio nocturno de vigilancia».

Los mineros comenzaron a reivindicar mejoras con la llegada de la Segunda República

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