Las tablas milagrosas, la invasión francesa y la persecución a los judíos

Dos piezas religiosas desaparecidas tras la ocupación francesa alimentaron procesos inquisitoriales contra judeoconversos

Detalle de la lápida de los Gaibor
Detalle de la lápida de los Gaibor

MONFORTE

A finales de la década de los noventa del siglo pasado, iniciaba un arduo trabajo de investigación sobre la comunidad judía y de conversos monfortinos. Leyera años atrás sobre el Cristo de los Azotes y el Cristo de la Colada en diversos autores que se ocuparon de los judíos en la historia local. Se hacían eco de una crónica realizada por fray Jacobo de Castro, cronista de la orden franciscana que en el año 1722 relata ambos episodios y hace alusión a las tablas con ese nombre. Las piezas se custodiaban en ese momento en el monasterio de San Antonio, orden franciscana existente en la villa. Fueron consideradas milagrosas hasta el mismo momento de su desaparición en el año 1806, en el que los franceses invaden Monforte.

El Cristo de la Colada era una pieza pequeña en su tamaño. No perdemos la esperanza de que esta obra del siglo XV se conserve en la actualidad. Si a ello le añadimos el significado que tenía para los monfortinos, no resulta nada extraño pensar que fuera puesta a buen recaudo por alguna familia local que quiso evitar que las huestes napoleónicas la dañasen. Al finalizar esos días desgraciados, los franciscanos que sobrevivieron a la matanza francesa regresaron a su casa en el monasterio. La conservación del edificio era lamentable y pronto vendría otro problema, como fue la obligación establecida por el Estado de la marcha forzada del centro religioso por parte de los monjes. Corría el año 1821, e igual que los benedictinos y los hermanos de San Juan de Dios o dominicos, los hermanos franciscanos se ven forzados a irse.

Ruina y abandono

Bajo la mirada del secretario de la casa de Alba, el monasterio cae pronto en un estado total de ruina y abandono. Fue este el momento en el que se le perdió la pista a ambas piezas. Fray Jacobo de Castro, famoso e ilustre cronista de la Orden Franciscana, afirma en el siglo XVIII, con motivo de la visita que hace al convento monfortino, hoy desaparecido, de San Antonio de Padua, lo siguiente: «Una de ellas estando azotándola unos judíos en su infame sinagoga, dio voces llamando al padre guardián, quien [...] guiado de aquella lastimosa voz se entró en la sinagoga y recobrando la imagen tuvo tiempo para dar cuenta a un ministro del Tribunal, quien prendió y castigó a los judíos, y depositó la imagen [...] en este convento [...]. En cuanto a dos imágenes de Cristo muerto bien crucificado que en este convento se tienen con especial veneración de la estatura de una tercia [...] uno con el título de La Colada y este está en la Sacristía con las demás reliquias y el otro con el título de Los Azotes está en la celda guardianal con una estatua de San Antonio de estatura pequeña».

En el año 1785, y siguiendo la documentación histórica consultada, sabemos que estaba presente en la iglesia franciscana. En concreto, la ofrecían unas feligresas un «quarteron» de cera. En el documento en cuestión se lee: «En la villa de Monforte a […] del año de mil settezientos ochenta y cinco por parte de don Ignacio Correa vezino desta villa se exivió en este ofizio los papeles y escriptura siguientes, [...] y una escritura de foro que en fuerza de dichos autos y licencia hizo la referida doña Benita Vázquez Salgado dela explicada casa y guerta a favor del mencionado Don Ignacio Correa en renta anual para la Dignidad Episcopal de Lugo: un quartarón de cera para el Santísimo Cristo de la Colada, sito en el Conbento de S. Francisco con mas seis ducados para la otorgante y Doña Maria Carmela su hija con las clausulas nezesarias para su seguridad que de todo ello ha dado fee».

Referente a la imagen del Cristo de la Colada, apunta esta crónica: «Es tradición que una vil mujer la entró en una caldera de colada, que estaba hirviendo, deseando borrar la hermosura de la imagen... Por más que sudó y afanó la proterva mujer en sepultar en lo profundo de la caldera la imagen, ésta se subía a la superficie de la colada. No se ejecutó esta execrable maldad con tanta cautela, que no se hiciese pública; y averiguada fue presa y castigada la mujer por el Santo Oficio. Sucede con esta santísima imagen una cosa bien portentosa y es que, siendo fácil abrir la caxa en que está cerrada y colocada no es posible abrirse por más vueltas que se den a la llave, si dentro de la sacristía se halla algún Judío».

Objeto de veneración

Armando Cotarelo Valledor, en su obra El cardenal Rodrigo de Castro y su fundación de Monforte de Lemos, señala: «En la iglesia [se refiere a la del convento de San Antonio] sobresalía el retablo mayor, de altas y hermosas columnas, con buena imagen colosal del santo patrono, y en otras dependencias se veneraba dos crucifijos milagrosos». Realizando las investigaciones en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en la Sección Inquisición de Santiago, comprobé que sobre el Cristo de los Azotes había noticias hasta la fecha inéditas. Existió una tabla con un Cristo pintado y una familia judeoconversa monfortina fue acusada de azotar dicha tabla. La acusación fue oficial y en toda regla. La familia era la de los judíos monfortinos- luego conversos y judaizantes- de apellido Gaibor. Durante siglos, fueron perseguidos por la Inquisición, y están relacionados con esta acusación del Cristo de los Azotes.

Los Gaibor, una rica familia local acusada de herejía

En mi libro Judíos y conversos de Monforte de Lemos aporto documentación histórica inédita hasta la fecha. A finales del siglo XV, Juan de Gaibor y su hijo Jorge de Gaibor, se bautizan «a edad avanzada» para poder seguir viviendo en la población. Juan de Gaibor que ocupara destacados cargos al servicio del conde de Lemos, era además, miembro de una familia acaudalada monfortina, de las más sobresalientes de la sociedad local de finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.

Casa de los Gaibor, en el casco antiguo de Monforte
Casa de los Gaibor, en el casco antiguo de Monforte

Junto a su hijo Jorge de Gaibor, que sería acusado de azotar el Cristo, fundaron una capilla en la iglesia del monasterio de San Antonio, orden franciscana, edificio levantado en el barrio monfortino de As Cortes. Así los acusa la Inquisición de Santiago en los años 1580-1583: «Jorge de Gaybor difunto vezino de Monforte de Lemos, denunciado de que açotava en su casa de noche a Un crucifixo examinaronse cerca de ello doze testigos entre los quales declaro uno que siendo su criado y dexandole ençerrado y bolviendose para le hablar sintió que dava golpes y poniendose a escuchar le parecio al testigo que los dava a un crucifixo que tenía alli».

A su hijo Juan, nieto de Juan de Gaibor, también lo acusaron por este asunto: «Juan de Gaybor difunto hijo del dicho Jorge de Gaybor vezino de Monforte, denunciado de que siendo muchacho le toparon con un crucifixo y unos açotes en la mano y que como bio gente los ascondio en una arca ?examinaronse quatro testigos y no resulto cosa de vista mas de que siendo pequeño y aprendiendo a ler le açoto al dicho Juan de Gaybor el clerigo que le enseñaba por averle hallado açotando y deste castigo ay dos testigos de vista aunque el uno dize lo bio entonces castigar». Pedro de Gaibor, otro miembro de esta destacada familia monfortina de judeoconversos, se enfrentaría a la misma acusación

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