?a industria sedera era un negocio muy rentable. La producción, destinada a las clases privilegiadas por el elevado precio del artículo, estaba asegurada. El conde de Lemos, consciente de la importancia que la elaboración de la seda y el proceso de teñido tenían, decidió impulsar esta industria en Monforte. Firmó un contrato el 20 de octubre de 1621 con el maestro madrileño Lorenzo Pérez, para que se trasladara con su mujer y familia a esta villa donde permanecería diez años para continuar y aumentar el obraje y teñido de este textil. El maestro traería, por su cuenta, los aderezos para ser utilizados en el torcido y pigmentos para teñir la seda. Le acompañarían especialistas que realizarían ambos procesos con el fin de continuar y llevar adelante la fábrica sin interrupción; al menos, serían un torcedor y un tintorero que permanecerían en la villa los diez años del contrato y, en caso de ausencia, serían reemplazados por otros. Tomarían de aprendices a los «naturales de la dicha tierra de Lemos los que a su excelencia paresciere y fuere serbidos y los enseñara y tendra a su quenta asta que entiendan y sepan bien el dicho oficio y arte». Por otro lado, se favorecía al dicho maestro con exención de impuestos, pues durante los cinco primeros años «no se le pidira ni pagara ninguna alcabala de todo lo que negociare y tratare quanto a la dicha fabrica de seda». El conde le entregaría cuatro mil ducados de a once reales; dos mil a la firma del contrato y los otros dos mil, el año siguiente, además de doscientos ducados para ayuda de los gastos del traslado de su familia desde Madrid. El ingente monto destinado a este proyecto nos da una idea de la envergadura de la empresa. El maestro devolvería en el plazo de ocho años el importe en ocho anualidades, más el cinco por ciento de interés. Para poder llevar a cabo esta ambiciosa empresa, Lorenzo Pérez se asoció con Antonio Fernández, mercader vecino de la villa, y ambos se obligaron al cumplimiento del contrato. Suponemos que esta empresa tendría buen fin, aunque desconocemos el tiempo que Lorenzo permaneció en Monforte.