LUIS DÍAZ CRÓNICA Los limitadores instalados en los pubs de Monforte adaptarán el volumen de los aparatos musicales al ruido que hagan los clientes
31 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.a fiebre del sábado noche se extiende por la calle Duquesa de Alba. Son las dos de la madrugada y el ambiente empieza a caldearse. La joven clientela de un pub balancea las copas al compás del ritmo de moda, mientras una pandilla ya entrada en años se deja llevar por la nostalgia. Se oye de fondo el oliñas veñen... y King of Africa enmudece de repente. El limitador de ruidos ha hecho de las suyas. El funcionamiento de dispositivos permanentes que registren y puedan provocar la desconexión del equipo musical cuando supere los límites establecidos será obligatorio en los pubs de Monforte desde el próximo fin de semana. Los dee-jays seguirán creando ambiente, pero a partir de ahora deberá convivir con un artilugio que regulará el volumen de los aparatos de música. El aparato en cuestión se llama limitador y se encarga de controlar que el ruido generado en los locales no sobrepase el máximo de 90 decibelios fijado en la ordenanza. Una serie de micrófonos le informan del nivel de contaminación acústica, al que debe ajustarse en todo momento el volumen de los altavoces. Si hay alboroto entre la clientela, la música pierde intensidad hasta compensarlo. A pesar del interés municipal por resolver el problema de la contaminación acústica, los limitadores han entrado con mal pie en Duquesa de Alba. Según los hosteleros, llegó una remesa de aparatos defectuosos que sólo permitirá a dos de los locales adaptarse a la ordenanza en el plazo establecido. Coches y copas Los propietarios de pubs confían en la paciencia del alcalde después de haber invertido un total de 300.000 euros (49,92 millones de pesetas) en insonorización, a los que habrá que sumar 1.574,65 euros (262.000 pesetas) por cada limitador de ruidos. En un municipio donde los concesionarios de vehículos se sitúan año tras año a la cabeza del ranking de empresas por volumen de facturación, 18 locales de copas agrupados en apenas cien metros de calle tienen derecho a definirse como «la principal industria de Monforte». El sentido último de los limidores de ruidos es impedir que la actividad de los locales se convierta en un infierno para los inquilinos. Los centenares de millones que circulan al año en torno a la movida no dicen demasiado para los contados vecinos de Duquesa de Alba que no han desistido de dormir en sus pisos durante los fines de semana. Sus reiteradas denuncias ante todo tipo de organismos oficiales han movido al alcalde a inaugurar una etapa de «mano dura» que ha sido recibida con indignación por los propietarios de los pubs. «Caja negra» Los responsables municipales se ponen en la piel de los hosteleros para hacer una lectura positiva de las medidas que ha puesto en pie de guerra a la industria de la movida nocturna. Desde su punto de vista, los limitadores no sólo tienen una función represiva, sino que también permiten a los propietarios de los pubs contrastar la veracidad de las denuncias vecinales. «Hay gente que llama a la policía desde fuera de Monforte para darle al problema una magnitud que no tiene», dice uno de ellos. Cada limitador estará provisto de una especie de caja negra donde quedarán reflejadas las horas de funcionamiento de los locales y los niveles de ruido alcanzado. Sobre el papel, las denuncias por abusos en el volumen de los aparatos de música tendrán que desaparecer, ya que el sistema de control impedirá sobrepasar el máximo de 90 decibelios. Respecto a los horarios, el Concello anulará todas las licencias de café-concierto que permiten a los pubs prorrogar su apertura. Por el momento, las discotecas quedan exentas de la colocación de sistemas de control de ruidos. A los amigos de entonar la rianxeira todavía les queda un último refugio.