Los trabajadores municipales ultiman los detalles para que el nuevo consistorio pueda abrir sus puertas al público el lunes Los comerciantes de la zona centro por fin pueden respirar tranquilos. El traslado del consistorio no sólo pone fin a una etapa de la historia más reciente de Monforte; también termina con el desenfrenado ir y venir de trabajadores municipales en busca de una caja de mediano tamaño donde embalar sus papeles. Ayer culminó el traslado de las oficinas del Concello a su nueva ubicación en el Campo de San Antonio. Si se cumplen las previsiones de la alcaldía, la vida administrativa recuperará la normalidad el lunes. También se anuncian unas jornadas de puertas abiertas para que los monfortinos conozcan la «casa de todos».
01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El propio alcalde formuló esta semana la invitación para que los vecinos aprovechen las primeras jornadas de apertura para conocer las nuevas dependencias. Y es que el emplazamiento del consistorio no estuvo exento de polémica. La decisión inicial de levantar el ayuntamiento en el recinto del Parque dos Condes, adoptada con Celestino Torres en la alcaldía, motivó una verdadera revuelta, en la que unos vieron un reflejo de la sabiduría del pueblo y otros, oscuros fines de carácter político. De un modo u otro, cuando el PP accedió al gobierno local a Nazario Pin no le tembló el pulso para ordenar la paralización de las obras del edificio, que acababan de iniciarse. Sobre los cimientos del frustrado consistorio, pasean ahora al anochecer los numerosos vecinos que combaten la canícula por la que fuera huerta de los padres Escolapios. Las dependencias municipales ocupan desde ayer un edificio que fue dependencia militar durante la guerra civil y también el colegio en el que se formaron varias generaciones de monfortinos. En el barrio de San Antonio, hasta hace poco en franca decadencia, comienzan a proliferar negocios de todo tipo. Los pisos se revalorizan y se adecentan las fachadas. «No van a llevar todo para el Cardenal», comentaba ayer un vecino. Es la otra cara de la modenda.