La empanada se echa al monte

La localidad mantiene el espíritu enxebre de la romería que pone fin a sus fiestas


La Festa da Empanada de Chantada mantiene, al menos de entrada, un carácter de romería auténtica que la hace especial en el calendario festivo de la Galicia interior. La empanada es una excusa porque, en realidad, no se trata de la exaltación gastronómica de un único producto, sino de un homenaje al estómago en toda regla, y al aire libre, que sirve para poner el punto y final a las fiestas de la localidad.

Aunque la convocatoria conserva intacto su carácter, no así su ubicación. Este año se celebró por primera vez en el entorno de la capilla de San Lucas. Y allí, bajo la sombra en ciernes de pinos y carballos, tiene pinta de ir a quedarse. «Celebrábase en Vilela -contaba Manuel Lorenzo, el alcalde-, tamén en Merlán, en Sobreira... e agora nestas case dúas hectáreas e media propiedade do Concello».

La romería lo tiene todo: sus pulpeiras de O Carballiño con raciones a siete euros; sus mesas corridas -si uno no la trae puede alquilarla por 25 euros-; su tómbola; y comida y bebida por toneladas. Son características en Chantada las camisetas que rotulan grupos de amigos o familias para significarse de las demás con mensajes más o menos logrados: «Se queres que che faga caso, éncheme o vaso»; «Levo tantas copas que xa non as levo eu, lévamas unha xestoría»; «Quen beba viño sobra, o carallo é botar o sulfato».

Fina Rodríguez, que había preparado comida para catorce, explicaba las bondades de la empanada de torriscos, especialidad local. Las calorías no sobran en una romería que acaba de madrugada.

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