Las herederas de la Casa Flora y sus vicisitudes

benigno lázare LUGO / LA VOZ

CHANTADA

ROI FERNÁNDEZ

01 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Al Hostal Flora de Chantada le ocurre como a esas poblaciones próximas a volcanes semidormidos que periódicamente se despiertan y causan un desastre, sin que quienes pagan las consecuencias puedan hacer nada para evitarlo. Hace alrededor de tres décadas un incendio que se originó en otro inmueble y que el viento se encargó de trasladar con rapidez, destruyó el edificio con todo lo que contenía y a punto estuvo de causar la muerte de las propietarias, Laura Eiriz Novo y su suegra, Flora Guerra Boán, que estaban en la parte alta. En estos momentos el inmueble vuelve a estar muy dañado, según afirma Laura, debido la excavación para el sótano de otro contiguo.

Como las cosas de palacio van despacio, no lo pueden reparar hasta que se solucione el problema legal. Eso, sumado a la ralentización general como consecuencia de la situación económica, es la causa de que el Hostal Flora no pase por sus mejores momentos, a pesar de que con la Casa dos Catro Camiños, eran los dos únicos establecimientos de Chantada autorizados por el gobernador civil. Sin embargo la propietaria no pierde la esperanza y confía en que se solucione su problema particular y puedan reformar el edificio, que remita la crisis y a la gente se le afloje algo el bolsillo.

En el origen de la Casa Flora está una panadería fundada por los padres de Flora Guerra. Más tarde construyeron una casa en el campo de la feria y montaron el establecimiento hostelero. En los años 60 Laura Eiriz se casó con Manuel Otero, hijo de Flora, y también entró a trabajar en la cocina ayudando a su suegra, que fue con quien aprendió. Recuerda los buenos tiempos, cuando los días de feria, el 5 y el 21 de cada mes, el local estaba abarrotado durante horas y las mesas del comedor ocupadas durante varios turnos seguidos. Las ferias fueron a menos hasta desaparecer en muchos casos. La de Chantada se sigue celebrando, pero tras la construcción del mercado ganadero el campo de la feria quedó desierto y uno de los negocios afectados fue el de Laura.

Con todo, conservó una clientela en la que militan sobre todo trabajadores y vecinos de Chantada y de los alrededores. A veces también tienen encargos, fundamentalmente de empresas o de grupos de jóvenes, pero las primeras redujeron al máximo las cenas, según corrobora la hostelera.

La hija de Laura, María Eugenia Otero, echa una mano cuando es necesario y dispone de tiempo. Pero la incorporación más reciente fue la de la nieta, Laura Alén, que según la abuela, ya se defiende en la cocina.

Laura Eiriz Novo.