La calle Padre Feijoo ha resucitado de la mano de empresarios hosteleros que han conseguido reunir a numerosos clientes a la hora del aperitivo
16 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A las dos de la tarde, las terrazas de las vinotecas de la acera izquierda de la calle Padre Feijoo, la única en la que da el sol a la hora del aperitivo, están repletas de gente. En unos cinco años, la que era una calle de paso, muy transitada pero poco visitada, se ha convertido en un nuevo centro gastronómico de la ciudad tras la apertura de cinco establecimientos que se han sumado a la oferta hostelera. El primer establecimiento que tuvo al vino como protagonista indiscutible en esta calle fue el Ribera y Cia. «Faltaba un local así. En su momento fue arriesgado, pero poco a poco la gente ha ido cambiando el salir de cañas por salir de vinos», afirma Alfonso Carreira, encargado del establecimiento. Pero no sólo de tinto vive el hombre, por eso crearon una carta que acompañe bien a los caldos. En ella, se puede encontrar la tapa ganadora del premio Picadillo en el 2003. Se trata de una receta tan sencilla como efectiva: patata cocida, bacalao ahumado, pimentón y aceite. Gran oferta gastronómica Le siguieron varios establecimientos con similar filosofía, como el desaparecido Merlot, en cuyo local abrió hace dos años La Bodeguilla del Huerto. De la misma familia que el restaurante El Huerto y el bar Bitácora, ambos en Santa Cristina, allí se puede chatear y picar algo, o pasar al restaurante y meterse entre pecho y espalda un chuletón. El último en abrir ha sido Delicatium. Lo que tradicionalmente era el pub Stone, cambió de tercio este pasado verano para unirse a la oferta enológica. Se trata de una franquicia presente ya en Asturias o Madrid y que arrastra a un público más joven que los anteriores, quizás por lo ajustado de los precios o por la oferta gastronómica, más informal, sin cocina, todo embutidos, tostas y conservas. Remata la calle una original propuesta: Cienfuegos Lounge Bar. Este concepto lo define su copropietario, Francisco Hermida, como «un restaurante de cocina de fusión donde tras la cena uno puede pasarse a tomar cómodamente una copa». La cuidada decoración del local ayuda a crear esa sensación de confort. Recientemente, han ampliado aún más su oferta, y el vino por copas y las originales tostas -como la de cabrales con cebolla confitada- se imponen según la hora a los cócteles y el sushi, una de sus especialidades. A todo este montón de denominaciones de origen, se suman otras propuestas, como el Drowsy Duck, o Pato Mareado, que al más puro estilo pub inglés ofrece tanto un completo y económico menú del día, como copas hasta bien entrada la noche; el reformado Chantada y la Jijonenca, que tira más hacia el café y el pastel.