«De aquí no nos marchamos»

Carlos Cortés
Carlos Cortés CHANTADA

CHANTADA

Crónica | Chabolismo en Chantada La familia que vive en la escuela de Mariz no está dispuesta a irse por las buenas. A no ser que el Ayuntamiento les dé otra casa o el terreno para construirla

28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l último plazo ya ha vencido, pero nadie parece querer darse por enterado. El Ayuntamiento de Chantada tiene que tomar una decisión sobre la antigua escuela de Mariz, ocupada desde hace siete años por un matrimonio que ahora tiene tres hijos pequeños. Ellos dicen no entender por qué algunos vecinos presionan para que el edificio sea desalojado sin más contemplaciones. Pero advierten que no están dispuestos a irse sin más. Jesús Maria Camacho y su esposa Loreta Gabarri se instalaron en Mariz en 1997. «El alcalde nos dijo que podíamos quedarnos aquí el tiempo que hiciese falta si los vecinos no se quejaban», asegura Jesús María Camacho. El problema es que ahora hay quejas, a pesar de que la escuela no está dentro de ningún pueblo y de que las casas más cercanas distan no menos de cuatrocientos metros. «Todo es por culpa de las obras que están haciendo aquí», dice Loreta Gabarri mientras coge en brazos a su hijo pequeño, de un año y medio. Al lado de la escuela un grupo de albañiles trabaja en la rehabilitación del teleclub de la parroquia, el local que la asociación de vecinos quiere utilizar como centro para fiestas y reuniones. Algunos en la asociación creen que ese proyecto es incompatible con un asentamiento como el de la escuela. Entre el teleclub y la escuela hay un solar que Jesús María Camacho utiliza para guardar la chatarra de cuya compraventa vive su familia. Él asegura que mienten quienes dicen que con la chatarra la zona presenta un aspecto de abandono total. Ayer, la chatarra estaba arrimada a uno de los laterales, y no ocupaba más que la cuarta parte de ese terreno. «Miren bien, yo creo que no está como dicen», asegura. Él admite que probablemente ése no es el sitio más adecuado para dejar todo ese material, pero alega que no tiene otro. Y desde luego, prefiere que las fotos de la chatarra no salgan en el periódico. Lo que rechazan de plano es la acusación de que utilizan su casa como albergue para otros familiares suyos. «De eso nada, a veces vienen a visitarnos, pasan la tarde con nosotros y se marchan». Eso es todo, dicen ellos. Relaciones amistosas Entre la familia de Jesús y Loreta y el resto de los vecinos de la parroquia no ha habido ningún encontronazo serio. No consta, al menos, ninguna denuncia. Este matrimonio asegura, al contrario, que sus relaciones con la gente que vive más cerca son muy buenas. «Pregúntenle al señor que vive en aquella casa -dice mientra señala con el dedo a una vivienda que apenas se adivina detrás de unos árboles-, que yo esoy seguro que responderá por nosotros». Pero lo cierto es que la presión sobre el Ayuntamiento para que la escuela sea demolida arreció en los últimos meses al mismo ritmo que se aproxima el final de la rehabilitación del teleclub. Hace dos semanas, el alcalde de Chantada, Manuel Varela, amenazó con recurrir a la policía si esta familia no se atenía a razones y se buscaba otro sitio para vivir. Y dio como plazo lo que quedaba de curso escolar, que se terminó el día 25, para no perturbar las clases de los dos hijos mayores de esta familia, que están matriculados en el colegio Xohán de Requeixo. Jesús María y Loreta no parecen especialmente inquietos por este ultimátum. «De aquí no nos marchamos», aseguran los dos. No se irán si el Ayuntamiento o quien sea no les da una alternativa. «La chatarra -dice el marido-da lo justo para comer, pero no para además pagar un alquiler o comprar una casa». Lo que piden para dejar la escuela por las buenas es otra casa, que el Ayuntamiento les de dinero para comprársela o les facilite un terreno. «¿No se la dan a otra gente, pues que nos la den a nosotros?», reta Loreta.