Hay historiadores que avalan la existencia de una fortaleza en Candad, mientras otros sólo ven antiguas viñas A pesar de tener muchos años de historia, los entendidos en la materia no se ponen de acuerdo. El Castro Candad es para muchos un castro mientras para otros son los restos mitificados de unos antiguos viñedos. El monte está estos días al descubierto, aunque será por poco tiempo. La crecida de las aguas del embalse de Belesar sumergirá, de nuevo, estos vestigios bajo el río Miño. Los vecinos del lugar no olvidan el año 1989. La sequía de aquel año produjo un gran descenso del nivel de agua y dejó completamente al descubierto los restos del castro.
11 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Llegadas estas alturas del año los vecinos de tres municipios de la zona sur de la provincia, Chantada, Taboada y Saviñao, no sulene disfrutar de la posibilidad de admirar los vestigios escondidos bajo el Miño de lo que queda del conocido como Castro Candad. Muchos historiadores han coincidido al afirmar que en el monte que lleva este nombre existen restos arqueológicos de una fortaleza y de un castillo, concretamente de los Taboada. Pero otros entendidos aseguran estar muy lejos de esta realidad. Lo que unos considerancastillos, otros creen casas; lo que para unos es una fortaleza para otros consiste en un muro que dividía las múltiples viñas que rodean la totalidad del monte de Candad. Y es que hay historiadores que aseguran que fácilmente se pueden confundir los restos de las viñas con unas murallas y que no existe ningún tipo de documentación que acredite que se trata de un «castillo sumergido del que sólo se conservan vestigios arruinados» o «muros que forman parte de una antigua muralla». Lo que sí queda claro es que estos restos tan sólo son visibles en determinadas épocas, cuando las aguas del embalse de Belesar descienden más de lo habitual. Los vecinos del lugar recuerdan de forma muy especial el año 1989. Nunca antes se había visto el castro tan descubierto desde que fuera anegado por las aguas del río Miño tras contruirse el espectacular embalse de Belesar, a finales de la década de los sesenta. Esta ocasión fue la última vez en la que el monte de Candad pudo verse con total facilidad, e incluso se pudo acceder a los restos de viñas, bodegas y edificaciones.