Una senda casi abandonada de A Pobra do Brollón destaca por su interés etnográfico La maleza está aislando un conjunto de albarizas, una de ellas aún en uso
11 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l nombre de Camiño do Río se daba tradicionalmente a una senda que parte de la aldea de Domiz, en A Pobra do Brollón, y conduce al molino del mismo nombre, situado a orillas del río Loureiro. El camino pasa también por una zona en la que se conservan varias albarizas tradicionales y hoy en día sólo es utilizado por un vecino de Salcedo, propietario de una de estas antiguas construcciones, en la que tiene instaladas varias colmenas que proporcionan una miel de excelente calidad. El viejo sendero puede ser visitado hoy como una ruta de senderismo de especial interés paisajístico y etnográfico. La ruta comienza en el pueblo de Domiz, que todavía conserva notables muestras de la arquitectura popular propia de la zona, aunque la mayoría de sus construcciones se hallan hoy en día en un avanzado estado de deterioro. Son los efectos de la despoblación que sufre Domiz, donde sólo quedan un par de vecinos. Para iniciar el recorrido es preciso atravesar la aldea hasta llegar a una vivienda de construcción más bien reciente. El camino se bifurca en este punto y es preciso tomar el ramal de la derecha. Durante los primeros seiscientos metros, el sendero es ancho. Más adelante se estrecha, debido a la maleza que invade sus márgenes, hasta llegar a un bosque de castaños situado en un lugar conocido como Fraga. Por espacio de unos doscientos metros, el camino recupera su anchura inicial. Al salir del bosque se estrecha de nuevo. La maleza es muy abundante en este tramo, hasta el punto de que el camino ya corre el riesgo de cerrarse por completo. Panorámicas Un poco más adelante, el camino da un giro a la izquierda y ofrece unas hermosas panorámicas del cañón que forma el río Loureiro. Comienza aquí un ligero descenso que será constante hasta llegar a la primera albariza, situada unos seiscientos metros más adelante. Tratar de continuar el recorrido para llegar a las dos dos albarizas situadas en la zona y al molino de Domiz ya es una tarea imposible. En este tramo, la maleza ya ha completado su invasión y el camino se vuelve intransitable. Sí es posible, en cambio, observar la primera de las albarizas, ubicada -al igual que todas las construcciones de este tipo, en una ladera empinada y bien expuesta al sol, a fin de que las colmenas reciban luz y calor durante el mayor tiempo posible. El recinto de piedra alberga en su interior varias colmenas fabricadas en corteza de alcornoque, del tipo tradicionalmente conocido como trobo. La confluencia de los climas atlántico y mediterráneo en esta zona propicia la existencia de una flora abundante y variada -con predominio del brezo- que resulta particularmente favorable para la elaboración de la miel. Las otras dos albarizas, situadas un poco más abajo en la ladera, están abandonadas desde hace años, al igual que sucede con muchas otras edificaciones de esta clase ubicadas en otros lugares. La despoblación de las áreas rurales y la falta de protección oficial amenazan seriamente la conservación de unas construcciones singulares y muy características de la arquitectura tradicional de las sierras orientales lucenses, testimonio de unos tiempos en que la presencia del oso todavía era habitual en estas tierras. Las colmenas ya no corren el riesgo de ser atacadas por los plantígrados, pero ellas también están desapareciendo a toda velocidad.