monforte / la voz

Dos décadas en la élite y un total de 401 partidos disputados en el fútbol profesional. Son los números de Roberto Fernández Alvarellos, portero chantadino que con 29 años debutó en Primera División. El jugador, que se retiró hace dos campañas, ha sido durante los últimos veinte años un perfecto embajador no solo de la capital del Asma, sino también de la Ribeira Sacra.

Este deportista, nacido en la parroquia de Merlán, se inició en el fútbol con 9 años en el colegio Xoán de Requeixo, y curiosamente lo hizo como delantero. Fernández agradece aquella experiencia. «Competir de dianteiro foi unha aprendizaxe, porque me facilitou xogar cos pés na miña etapa de porteiro», dice.

El cambio de demarcación se produjo por un hecho curioso. «No colexio había dous patios, un ao ar libre e o outro cuberto. Eu inclineime polo segundo, porque fóra cando chovía non se podía xogar, e aí paséi á portería. Xogaba con rapaces dous anos maiores ca min», afirma.

Llegó a la SD Chantada -estuvo en las categorías cadete y juvenil-, y con tan solo 15 años ya debutó con el primer equipo en la Primera Autonómica. Fueron claves en sus inicios los técnicos Aguiar, Pica, Castor y Sanromán. Su talento quedaba patente en cada partido que disputaba en la base y en el equipo sénior.

Disputando una final de la copa Diputación en Ourense fue cuando los ojeadores del Celta vieron que tenía futuro. Y así lo invitaron a entrenar en A Madroa con el juvenil de División de Honor. Pasó con solvencia la prueba, y a los pocos días ya estampó su firma en el contrato que lo ligaba con el club vigués.

Nueva etapa

Fernández llega al Celta con 17 años de la mano del entonces director de la cantera, Manuel Núñez, que es el técnico que lo sube al filial siendo juvenil. Se estrenaba en Tercera División. Con 18 años se convirtió en el tercer portero del primer equipo del Celta, con Javier Irureta. Compartió vestuario, entre otros, con Dutruel, Pinto, Viezma y Caballero.

Con Milo Abelleira como entrenador del Celta B, el chantadino logró su primer ascenso. Fue a Segunda División B. Su progresión estaba siendo meteórica, lo que suscitó el interés del Sporting de Gijón. Los asturianos se lo llevaron con 22 años.

Fue su salto a Segunda A. La primera campaña solo jugó un partido. Fue el último, ya que antes Antonio Maceda no le dio oportunidades. Roberto no se desesperó. Intensificó su trabajo, y cuando no entrenaba la primera plantilla, se iba a Mareo para ejercitarse con el filial, donde conoció a Marcelino García Toral, que fue determinante en su carrera.

«Ese verán, Marcelino fíxose cargo do primeiro equipo e díxome que non me fose, porque sabía das miñas posibilidades. Seguín o seu consello, e así viñeron anos moi bos para min. Fun titular e conseguín o ascenso a Primeira no 2008», indica .

En el cuadro asturiano batió un récord: estuvo 817 minutos sin encajar un gol, la tercera mejor marca del fútbol nacional. Además, en el año 2005 conquistó el trofeo Zamora. García Toral y Ciriaco Cano fueron sus técnicos.

Fichaje por el Osasuna

Con 29 años llega uno de los mejores momentos de su carrera deportiva: su debú en Primera División. Es posible gracias a su fichaje por el Osasuna. Debutó en un partido contra el Español, en el que su equipo perdió por 1-0, con gol de Raúl Tamudo. En el cuadro navarro tuvo al Cuco Ciganda y a José Antonio Camacho como entrenadores.

En el 2010 ficha por el Granada, con el que logra su segundo ascenso a Primera División. En la ciudad andaluza es considerado un auténtico ídolo. Coincide con Fabri como entrenador. En el 2015 se incorpora al CD Lugo, en el que permanece tres temporadas como futbolista y dos como entrenador de porteros.

«Quería achegarme á casa, e a proposta do Lugo colmaba as aspiracións. O peor de todo foron as lesións. Aquí logrei chegar aos 401 partidos como profesional», asegura.

Una vez que concluyó su etapa como técnico en Lugo, a Roberto Fernández le llovieron ofertas para entrenar a los porteros, pero no se concretó ninguna. «Estiven moi preto do Deportivo, e tamén me chegaron propostas do estranxeiro, pero o tema do covid-19 fixo que as rexeitara», dice.

Eso sí, el chantadino admite que actualmente tiene ofertas sobre la mesa que está valorando, sobre todo para ejercer de primer entrenador en Segunda B. «Estou barallando as propostas ben para o mercado de inverno ou para o verán», afirma.

Fernández entiende que con 41 años es el momento de dar un paso más en su carrera como técnico. Está más que preparado, y además cuenta con todas las titulaciones. Cuando sacó los títulos lo hizo en la Federación Española, donde coincidió con el exportero del Oviedo, Esteban, y con Gorka Iraizoz. El futbolista nunca se imaginó que podría llegar a Primera. «Nunca o pensei, e o meu obxectivo era traballar e mellorar cada día. Esto unido a saber renunciar a certas cousas, e as miñas cualidades, foron claves para chegar arriba», señala.

Fernández anima a los canteranos a esforzarse. «O meu consello é que non poñan como meta chegar ao fútbol profesional, senón que cada xogador chegue ao máximo das súas posibilidades, e que se ten talento e cualidades loite por ascender a categorías superiores e non quedar na que está», puntualiza.

Los mejores momentos que le dio el fútbol fueron los ascensos y, sobre todo alcanzar las permanencias. «Gocei tanto ou máis mantendo a categoría cos equipos nos que estiven en Primeira. Ademais, sempre prioricei os éxitos colectivos sobre os individuais», apunta.

Los peores momentos fueron las lesiones, especialmente la operación de espalda a la que se sometió y la mononucleosis que padeció en Granada.

El fútbol siempre fue su pasión. «Aportoume unha forma de vida, saúde e disciplina, porque para ser profesional hai que ser moi correcto e disciplinado. Ademais, como non teñas pasión polo que fas, a cousa non sae ben», dice.

El chantadino cuenta con una amplia colección de 60 camisetas intercambiadas con sus rivales. Actualmente, ejerce de comentarista en partidos de Champions y Europa League. Su futuro está ligado a los banquillos

El exportero siempre ejerció de embajador de Chantada. «Sempre me sentín orgulloso e presumín de Chantada, e sempre intento axudar no que me piden. Son as miñas raíces», concluye.

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Roberto, dos décadas en la élite