El anuncio del cierre de la hostelería cae como una bomba en el sector y traerá una lluvia de ERTES. La restricción de movimientos pone al comercio contra las cuerdas
05 nov 2020 . Actualizado a las 08:19 h.Mal día, este miércoles, para bares y restaurantes de Monforte. «Hay gente que te llama y se echa a llorar», dice Beatriz Vila, delegada de la asociación provincial de hostelería. A las tres de la tarde, su teléfono móvil echaba humo. No había pasado una hora desde la comparecencia del presidente de la Xunta y ya había recibido la llamada de medio centenar de asociados. El anuncio del cierre de estos negocios durante un mes, que se hará efectivo mañana viernes, cayó como una bomba en el sector.
«Hay empresarios fuertes que te dicen que esto ya no se puede sostener más. Imagínate los pequeños», señala la delegada de la asociación. Ni entiende ni comparte, al igual que los hosteleros consultados, la decisión adoptada tras la última reunión del comité clínico de la Xunta. «Los autónomos no tienen garantizada una nómina a final de mes. Los alquileres se pagan trabajes o no, y esta gente tiene familias a las que dar de comer», apunta Beatriz Vila.
El ERTE es la salida que se vecina para buena parte de las plantillas de los negocios de hostelería. José Antonio Vázquez Reñones, propietario de la cafetería y el hotel Cardenal se queja de la medida aplicada por la Xunta. «Tengo veinticinco nóminas que pagar y unos gastos fijos que no me quita nadie, abra o no abra. Luego está el material perecedero, la incertidumbre sobre las compras... Nos van a llevar a la ruina», asegura.
Se acentúa el dilema
David Neira, del restaurante Edulis, se temía una decisión de estas características, pero no pensaba que pudiese llegar tan pronto. El cierre, según su criterio, agrava la difícil situación a la que se enfrentaban este tipo de negocios en las últimas semanas por el escaso movimiento de clientes. «Nós xa valoráramos antes a posibilidade de ir ao ERTE como unha forma de garantir a viabilidade da empresa. É unha maneira de minimizar gastos e de protexela á espera de que veñan tempos mellores. Pero nos preocupa mandar xente ao ERTE polo tempo que tardan en cobrar. Nós non imos mandar a ninguén»», explica.
Un problema añadido de los ERTE, según señalan desde el sector, es la tardanza en el cobro de las prestaciones. Trabajadores que entraron en el pasado mes de agosto en una regulación temporal de empleo todavía no comenzaron a cobrar a estas alturas. En las gestorías que llevan los papeles califican la tardanza de «normal» dentro del actual ritmo de estas tramitaciones administrativas.
Las medidas que dio a conocer el presidente de la Xunta tras la reunión del comité clínico contemplan que los restaurantes puedan mantenerse activos con la fórmula de la venta de comida a domicilio, pero es una opción que les cerrará presumiblemente el acceso a las ayudas prometidas por el Gobierno gallego para compensar las pérdidas derivadas del cierre. «Doe moito, pero non queda máis remedio que ir ao ERTE. Non podes gastar seis para facturar tres e aínda por riba quedar sen axudas», afirma Jesús Pereiro, del restaurante O Grelo.
«O peche de Monforte é algo completamente inxusto e non ten sentido. Outros concellos da zona con brotes seguen abertos e a nós non nos quitan de que nun mes se anuncie un confinamento en todo o Estado. Aquí todo o mundo vai querer ser funcionario, á xente non lle deixan outra alternativa. O que emprende neste país leva todos os paus», señala Pereiro.
La opinión unánime entre los hosteleros monfortinos es que la medida decretada por la Xunta tiene más que ver con la necesidad de evitar que la gente salga que con el volumen de contagios por coronavirus en sus locales. La delegada de la asociación provincial carga las tintas en este aspecto: «Este sector se puso al día desde el primer momento, si alguien no cumple que vayan a por él».
Hoteles y tiendas se preparan para sufrir las consecuencias
«Esto no lo entiende nadie», dice al otro lado del móvil José Antonio Vázquez Reñones propietario del hotel y la cafetería Cardenal. El empresario monfortino se muestra indignado por el anuncio de la Xunta por el que, tras escuchar al comité clínico, este municipio entra entre los que sufrirán el cierre de las actividades no esenciales a partir de las tres de la tarde del viernes [finalmente la Xunta decidió que sea el sábado a medianoche]. «Un día dicen que nos van a quitar el estado de alarma y al siguiente anuncian que cierran Monforte. Me da la impresión de que aquí se funciona a base de ocurrencias y los empresarios no podemos soportar esta situación», afirma.
A su empresa, que tiene veinticinco empleados en nómina, el cierre le afecta por partida doble. La inactividad de la hostelería y el cierre perimetral tendrán necesariamente una repercusión negativa en el hotel. «En estas condiciones, ya me dirás cuánta gente va a venir a Monforte. Venimos de una temporada alta que no lo fue, soportar esto va a ser muy difícil», señala este empresario. El cierre por un mes, subraya, «va a debilitar todavía más a un sector que ya lo estaba bastante».
Vázquez Reñones asume que la actual problemática sanitaria obliga a realizar sacrificios, pero siempre que exista un mínimo de certeza sobre su eficacia. «Las medidas de este tipo tienen que servir para algo. Yo estoy dispuesto a lo que sea para salir de la situación en la que estamos, pero me tienen que dar un horizonte», señala.
Los comercios se quedan sin los clientes del resto de la comarca
El horizonte también se presenta cargado de nubarrones para el Centro Comercial Urbano, cuyos socios aguardan la publicación oficial de las medidas de la Xunta. «Parece que seguimos como hasta ahora, con el aforo limitado a la mitad», apunta el gerente del CCU, Ángel Folgueira. Lo que cambia es que el cierre perimetral priva a estos negocios de la clientela de otros municipios. «Es un palo enorme, porque no dependemos solo de la gente de Monforte», indica Folgueira.
A la imposibilidad de que vengan a Monforte compradores de otros municipios se suma el golpe de la inactividad forzosa de bares y restaurantes. «Es un perjuicio bestial, unos tiramos de otros», opina el gerente del CCU.