Golpe a los que cultivan el paisaje

Los viticultores trabajan las viñas sin saber si este año habrá demanda de uva

José Manuel Rodríguez
José Manuel Rodríguez

monforte / la voz

La humanidad está patas arriba por el coronavirus. También está descolocado el mundo del vino, que en la Ribeira Sacra es mucho más que una bebida. Por una vez, preocupa que la vendimia pueda ser abundante. El cierre de la hostelería cortó el grifo de las ventas para la inmensa mayoría de las bodegas de esta denominación de origen. Y es muy posible que siga así para cuando se eche encima la siguiente cosecha. Si no hay mercado, la viticultura heroica puede sufrir un duro golpe. De ella depende el paisaje singular que hasta ahora sirvió de torniquete a la sangría demográfica en este territorio.

La pandemia aguó la fiesta en la Ribeira Sacra en un año en el que el sector del vino se las prometía muy felices. La última cosecha fue buena y abundante, las expectativas del mercado eran óptimas y el viento de la candidatura a patrimonio de la humanidad -aceptada por la Unesco en plena alarma sanitaria- soplaba a favor de su promoción. Nada será igual por culpa del coronavirus, pero el presidente del consejo regulador prefiere ver la botella medio llena. «Cando chove, chove para todos, pero aquí temos un bo traxe de augas», dice José Manuel Rodríguez.

«Penso que o panorama na nosa denominación é menos negro porque temos características que se consideraron debilidades e que agora poden converterse en fortalezas. O escaso peso das exportacións nas ventas e o modelo de viticultor a tempo parcial poden axudarnos a aguantar mellor o impacto da crise sanitaria», opina el presidente de Ribeira Sacra.

José Manuel Rodríguez apela a esta singularidad para lanzar un mensaje optimista con vistas a una vendimia marcada por la incertidumbre. Pero también echa mano de las cifras para justificar su confianza. Ribeira Sacra certificó hasta la fecha, según estimaciones del consejo regulador, en torno a 1.100.000 litros de la anterior cosecha. Algo más del 25% del total, de acuerdo con sus cálculos. Se puede objetar que vino con contraetiqueta no es vino vendido, pero aquí el presidente de la denominación se muestra categórico: «O viño certifícase para que saia ao mercado».

En Abadía da Cova, una de las bodegas pioneras de la Ribeira Sacra, Evaristo Rodríguez comparte ese optimismo solo en cierta medida. «Non somos a denominación de orixe que afronta en peores condicións os problemas motivados pola crise sanitaria», señala. Hasta aquí la cara, pero la moneda también tiene su cruz. «Descoñecemos como vai ser a desescalada, pero está claro que a recuperación da hostalería e o turismo vai a ser moi lenta, e son dous sectores moi ligados á comercialización dos nosos viños», subraya.

¿Una oportunidad?

A falta de movimiento en las ventas, el viticultor y enólogo chantadino centra todo su esfuerzo en los viñedos que cultiva de forma biológica. «Agora descubrimos que fan falta agricultores para que poidamos comer, o traballo no campo é fundamental pero segue a ser pouco valorado», reflexiona. Regal prefiere ver la crisis sanitaria como una «oportunidade» para que cristalice en forma de vuelta al campo el relevo generacional que precisa el viñedo en la envejecida Ribeira Sacra.

En una denominación de origen donde la media de edad de los viticultores es de 65 años, generacionalmente Humberto Loureiro es un caso atípico. Compagina su trabajo como sumiller en el restaurante chantadino A Faragulla con un proyecto conjunto que por ahora dio de si la primera añada del vino con crianza Ego by Cuco. Este año no sabe si meterán uva de sus viñas en la bodega para esta marca. Hay añadas a las que dar salida y el mercado no estará por un tiempo para tirar cohetes.

Quizás por ello hizo suya la palabra del momento: reinventarse. «Co confinamento volvín facer deseño gráfico. Tiven a sorte de recibir algún encargo e agora ando a voltas con etiquetas, logos e imaxe de empresas. É un traballo que podo facer sen saír da casa agora que o restaurante esta pechado. A ver como arranca todo», comenta Loureiro. Esa es ahora la gran incógnita.

El coronavirus da la puntilla a un mercado exterior tras el «brexit» y los aranceles de Trump

Peza do Rei posiblemente sea el vino más mediático de Ribeira Sacra. El destino quiso que Barack Obama brindase con una copa de este tinto elaborado por Adegas Cachín en el pequeño pueblo de Abeleda. «Sempre lle fixen caso aos vellos, din que hai que repartir os ovos en varios sitios», dice el bodeguero, César Enríquez, sin perder el humor. En su día, acertó al apostar sin complejos por la exportación: «Se temos un bo viño, non hai porque conformarse con vendelo diante da casa». Pero el pozo del mercado internacional se quedó seco. Primero fue el brexit, luego los aranceles de Trump. Ahora el coronavirus le dio la puntilla.

«Coa crise sanitaria do coronavirus e un 25% de subida nos aranceis, este ano o importador en Estados Unidos xa me dixo que non vai pedir viño. No Reino Unido pasa o mesmo. Todos imos ter que pelexar no mercado máis próximo. É unha tristeza porque o viño desta última colleita era para presumir», comenta César Enríquez.

Sobre la demanda de uva en la próxima vendimia, prefiere ser prudente. «Hai que ir partido a partido. A maioría das adegas da Ribeira Sacra dependemos da venta en hostalería, e xa ves como están as cousas. Pero na viña non vale aplicar un ERTE, hai que seguila traballando se queres recoller algo», dice el bodeguero.

César Enríquez fue candidato del PP en Castro Caldelas en las pasadas municipales. Obtuvo cuatro concejales, frente a los cinco que sumó la alcaldesa, la socialista Sara Inés Vega. La llamó tras decretarse el estado de alarma para ofrecerle el apoyo de su grupo municipal. «Hai que pasar por este mal trago, tocounos e nada máis. Non falo de política, sería de pouca altura facelo agora», dice el bodeguero.

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