Ecos de una antigua guerra en Monforte

LEMOS

Armas sustraídas a los franceses en la invasión de 1809 y ahora expuestas en el pazo de Tor
Armas sustraídas a los franceses en la invasión de 1809 y ahora expuestas en el pazo de Tor ALBERTO LÓPEZ

Hace ahora 210 años, el barrio de San Antonio se vio muy afectado por las invasiones francesas

13 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Este año se conmemora en Monforte el 210 aniversario de los tres ataques que sufrió la ciudad durante la guerra napeoleónica, que afectaron de un modo especial al barrio de San Antonio. El segundo de estos ataques -el 20 de abril de 1809- se cuenta entre los sucesos más violentos que se registraron en toda Galicia en aquel período histórico. En los archivos de la parroquia de A Régoa se consignaron poco tiempo después las muertes de unos cuatrocientos vecinos, pero algunos historiadores calculan que el número de bajas pudo ser mayor, de entre quinientas y mil personas.

La población de Monforte no pudo contar con ayuda militar exterior para hacer frente al asalto del 20 de abril. La defensa estaba encomendada a las tropas del general Rafael Martinengo, que se retiraron sin combatir al encontrarse ya en un estado penoso. La localidad disponía por otra parte de una «alarma» o milicia ciudadana formada por varios cientos de vecinos, muchos de los cuales intentaron ofrecer resistencia a las fuerzas invasoras. En su obra Proezas de Galicia -aparecida en 1810, una de las primeras que se publicaron en gallego en el siglo XIX-, José Fernández Neira mencionó estos hechos y señaló que los soldados franceses intentaron llegar al centro del núcleo urbano desde la margen derecha del río pasando por el puente viejo. No lo consiguieron al principio, al hacerles frente una fuerza formada por paisanos «armados con gadañas, fouces, escopetas, machados e outras armas», además de un cañón instalado en la ladera del monte de San Vicente. Si nembargo, los invasores lograron vadear el río en otro punto y cercaron a los resistentes dentro de la villa, causando -en palabras de Fernández Neira- una «carnicería tremenda» en la que murieron numerosos vecinos de todas las edades.

Conventos asaltados

Entre los lugares que fueron tomados al asalto por las tropas francesas se encontraba el convento franciscano de San Antonio de Padua, que dio al barrio el nombre que sigue conservando en la actualidad. El edificio se encontraba aproximadamente en la misma zona que ocupa hoy el edificio del Ayuntamiento. El convento de monjas de Santa Clara -que sigue ahora en el mismo lugar- sirvió en ese momento de cuartel a los asaltantes, que utilizaron la iglesia para alojar sus caballerías. Las monjas que vivían en él lo habían evacuado con anterioridad para buscar refugio en los montes de los alrededores, según indica una carta escrita por la que era entonces abadesa de la comunidad que fue localizada recientemente por la historiadora monfortina Manuela Sáez. La misma carta dice que los soldados napoleónicos «entraron a sangre y fuego» en Monforte, «haciendo víctimas de su furor a muchas personas de ambos sexos y estados».

Un monasterio ilustre del que apenas quedan rastros

El antiguo convento de San Antonio de Padua no fue destruido durante la invasión francesa, pero aquellos sucesos significaron para este edificio -construido en 1503- el principio del fin. El inmueble resultó muy deteriorado y la comunidad franciscana que lo había ocupado durante siglos quedó reducida a un puñado de monjes. Las desamortizaciones del siglo XIX le dieron el golpe de gracia. Lo que quedaba de la congregación religiosa se deshizo definitivamente y algún tiempo después el edificio fue demolido con la autorización de las autoridades municipales. Los restos del histórico edificio fueron puestos a la venta y se reaprovecharon en diversas obras.

Por lo que se sabe de él, todo indica que el desaparecido monasterio y su iglesia conformaban un conjunto de gran valor arquitectónico y artístico. Basándose en diversos testimonios históricos, el historiador del arte José Manuel Pita Andrade apuntó que la iglesia probablemente fue construida según el estilo gótico flamígero y que el claustro debió de ser de un estilo renacentista más tardío. En opinión del escritor Ramón Otero Pedrayo, si el convento se hubiese conservado en buen estado constituiría una «joya de valor inapreciable» para Monforte y para toda Galicia.

«A manos bárbaras»

Con anterioridad, Manuel Murguía había lamentado profundamente -en su libro Galicia, editado por primera vez en 1888- la demolición del edificio, del que dijo: «Pereció a manos bárbaras». En la actualidad pueden verse en diferentes puntos de Monforte algunos vestigios que con toda probabilidad proceden del monasterio destruido, como un relieve que se conserva en un edificio de la calle Doutor Casares y que sirvió como dintel de la puerta de una capilla particular. Otros elementos, como columnas y capiteles, se utilizaron como soportes y piezas ornamentales en diversos inmuebles.

En los sucesos de 1809 y con posterioridad a ellos corrió mejor suerte el vecino convento de Santa Clara, donde la destrucción no fue tan acusada. La comunidad que lo ocupaba sobrevivió hasta los tiempos actuales y se salvó del saqueo la valiosa colección de obras que hoy se exhiben en el reputado museo de arte sacro monfortino.