Obligados a separarse por ser discapacitados

Un matrimonio de Monforte no puede viajar en el mismo tren porque casi nunca tienen dos plazas adaptadas

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Obligados a separarse por ser discapacitados Teresa y Daniel, un matrimonio de Monforte, apenas puede viajar juntos porque los medios de transporte casi nunca tienen dos plazas adaptadas
m. c.
lugo / la voz

Teresa Díaz y Daniel Outeiro se casaron hace cuatro años, «y parece que fue ayer», resalta él mirando a su mujer de una forma que traspasa toda la complicidad imaginable. Ambos son discapacitados y ostentan una tienda en la estación de tren de Monforte. Irónicamente, es este el medio de transporte que no les permite viajar a los dos juntos.

Y es que Renfe, explican ellos, solo ofrece una plaza en cada tren que realiza un trayecto regional. «En los que van a Madrid o a Barcelona tienen una pero en cada vagón», explica él. Es decir, es imposible que puedan ir juntos, en asientos colindantes, como cualquier otra pareja.

No hay taxis con dos plazas

«Ahora no necesitamos usar el tren a menudo gracias a los taxis», explica la pareja, que dice que es algo que consiguieron tras una lucha larga e intensa. Antes, se veían obligados a llamar a los de otros concellos como Quiroga. Aún así, en Monforte no hay ningún taxi que reúna las dos plazas que necesita el matrimonio.

«Yo, como me puedo mover algo, me siento en el asiento», dice Daniel. Una alternativa nada cómoda pero que han tomado obligados ante la falta de recursos que hay en el municipio en cuanto a materia de accesibilidad. En cuanto a los buses, la situación no es más alentadora. Tienen que solicitarlo con mucha antelación para que alguien les ayude a subir y bajar del automóvil. De la misma forma que en el taxi, Daniel se tiene que colocar en el asiento y no puede ir en su silla de ruedas. «A veces parece que todo va mal y que todo son problemas», dice Teresa, afectada ante las barreras que se encuentra en su vida a diario.

«A Lugo ya no vamos en bus, elegimos el taxi. Juntos es imposible», cuenta la pareja, que también dice que pidieron «explicaciones a Renfe» y que la entidad les dijo que el problema era suyo.

La adaptabilidad en los establecimientos es otro punto rojo para esta pareja y para cualquier persona que vaya en silla de ruedas. «Hacen baños adaptados pero no hay como entrar en ellos porque los accesos no lo están», exclama Daniel.

El matrimonio insiste en las barreras con las que conviven a diario en Monforte. «Con los andamios de las obras no podemos pasara», cuentan. Otro problema son los coches aparcados, también en las proximidades de la tienda. «Yo solo pido que me respeten como yo respeto a los demás», exige Teresa.

La peripecia de ir a trabajar

Atravesar el paso a nivel de La Florida de Monforte en silla de ruedas, como un coche más, exponiéndose a atropellos. Es algo habitual para Teresa y Daniel. «Cruzamos bajando a la calzada y entre los coches», explican. La alternativa: un paso estrecho y muy inclinado. También es habitual encontrar rampas intransitables por la gran inclinación que tienen.

La pareja también reclama que no basta con habilitar el centro de las ciudades «porque hay personas que no viven en él», explican. Al final, las consecuencias son físicas, por el trabajo que suponen los desplazamientos; económicas, porque el transporte público está vetado para los discapacitados; y mentales, porque es difícil normalizar algo contra tantas barreras. «A ver si nos vamos un día de viaje. Hablaremos con Renfe, a ver qué ofrece», se dicen con otra de esas miradas.

La Voz solicitó el jueves información a Renfe sobre los asientos adaptados en los distintos trenes pero la entidad aún no ha facilitado dichos datos.

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