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Son profundas y espectaculares las huellas que el Imperio Romano dejó en Peites, una parroquia de Ribas de Sil en cuyo territorio se registró una importante actividad minera en el siglo II. De las explotaciones mineras que extraían oro de los terrenos de aluvión quedan huellas bien visibles en la aldea de Peites. Todavía se pueden ver los grandes cortes realizados sobre el terreno que se correspondían con los frentes de explotación, restos de galerías de prospección y una enorme cantidad de estériles o cantos rodados, conocidos por muradellas, resultantes del lavado de los aluviones en busca del oro.

La tradición olivarera es la otra seña de identidad de Peites. Cada vecino tenía sus propios olivos y una pequeña producción anual de aceite, fundamental para sus precarias economías y soporte importante en su alimentación. Eran dos los molinos de aceite o almazaras que había en la aldea y a los que acudía cada vecino, con capachos cargados de olivas para elaborar el aceite.

De uno de estos molinos apenas quedan restos. En cambio, el otro conserva en buen estado todos sus elementos. Su actual propietario es un vecino conocido por don Gonzalo, que ejerció como sacerdote en la parroquia. Es el típico molino de rueda movido por un burro y a veces por los brazos de cuatro hombre. Dejó de moler hace más de veinte años.

Madera y barro

Peites conserva además interesantes muestras de arquitectura popular en buena parte de sus viviendas. En la aldea había dos hornos comunales. En realidad, uno era propiedad de un vecino llamado Isidoro y el otro pertenecía a la familia Leonardo, pero cualquier residente en la aldea podía hacer uso de cualquiera de los dos para cocer el pan. «Ademais de atendelo tiñan que poñer a leña, a fariña e darlle un bolo de pan ao dono do forno por cada fornada que fixesen», cuenta Gimena Mondelo, una vecina de Peites.

Los elementos básicos empleados en la construcción de las viviendas de la aldea eran la piedra, el característico barro rojo (muy abundante en la zona), la madera y la pizarra. Todavía se pueden ver los antiguos tabiques y paredes construidos con pallabarro, con entrelazados de cañas o de paja y que más tarde fueron sustituidos por listones de madera. En su momento, era el mejor aislante disponible contra la humedad y el frío. En una vivienda de la aldea se aprecian bien las características de este tipo de construcción. Se trata de la Casa do Rego, una antigua vivienda para curas situada en el centro de la aldea.

El pueblo de Peites está dividido en dos barrios, denominados Aldea de Arriba y Aldea de Abaixo, aunque en este último ya no hay vecinos. En Aldea de Arriba se encuentran la iglesia parroquial y la rectoral de San Martiño de Peites, ambos edificios del siglo XVII. De la iglesia parroquial destaca su retablo mayor, también del siglo XVII, de estilo renacentista y un altorrelieve en piedra policromada, situado en la parte superior de la puerta de entrada, que representa a San Martiño compartiendo la capa con un mendigo.

De Astorga hasta 1955

La rectoral fue la residencia habitual del cura de la parroquia. Tras unos años en los que estuvo vacía, en 1980 empezaron a vivir en ella un grupo de monjas que permanecieron allí más de 20 años. Actualmente está vacía de nuevo.

La casa rectoral es propiedad del Obispado de Lugo, pero curiosamente el pueblo de Peites, incluida iglesia y rectoral, pertenecieron hasta 1955 a la diócesis episcopal de Astorga. «Daquelas viña un home coñecido por don Ventura, que era o administrador do señor de Recigüeño, o dono da reitoral e a maior parte das leiras de Peites, a recoller e cobrar os tributos, en formade especies ou maquías, en fabas, millo, aceite... case de todo o que se cultivaba na aldea levaba unha parte. Cando era o tempo da matanza, os veciños levaban os seus mellores porcos ata unha aira de mallar o trigo. O administrador escollía o mellor para o seu señor, e logo o resto dos veciños xuntaban os cartos para comprarlle outro porco ao veciño afectado», relata Gimena Mondelo.

Lo que queda de las minas

A través de la parte alta de la aldea se llega a los restos de dos pequeñas minas romanas conocidas por A Cova dos Mouros. En su interior disponía de una chimenea o respiradero y las paredes interiores tenían varios departamentos o repisas para colocar diversos objetos. «Antes eran máis profundas e grandes -recuerda Gimena Mondelo-, pero o paso do tempo e as obras que se fixeron na rúa foron os causantes de que se derrubase a parte exterior e quedase máis pequena».

Ya al final de la calle y a la izquierda está la Casa de Roque, una vivienda de grandes dimensiones y que antiguamente fue alojamiento para viajeros. Disponía de cárcel y tenía su propio cementerio situado en la parte posterior de la vivienda. De este camposanto no quedan restos, ya que las tierras donde estaba ubicado fueron dedicadas a cultivo.

El denominado hospital de Peites, pudo tener relación con la Vía XVIII, de Astorga a Braga, que pasa por esta zona. Los peregrinos que entraban a Galicia durante el invierno lo hacían siguiendo esta Vía XVIII, para evitar las adversidades meteorológicas de O Cebreiro.

Desde Quiroga

En Quiroga hay que tomar la carretera N-120 en dirección a Ponferrada. A doce kilómetros y a la derecha se encuentra el desvío para Peites, distante del cruce a 2,3 kilómetros

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Peites, memoria de oro y aceite