Peites, memoria de oro y aceite

carlos rueda / carlos cortés MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Esta parroquia de Ribas de Sil merece una visita por sus olivos, sus cuevas mineras, y su arquitectura típica

03 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Son profundas y espectaculares las huellas que el Imperio Romano dejó en Peites, una parroquia de Ribas de Sil en cuyo territorio se registró una importante actividad minera en el siglo II. De las explotaciones mineras que extraían oro de los terrenos de aluvión quedan huellas bien visibles en la aldea de Peites. Todavía se pueden ver los grandes cortes realizados sobre el terreno que se correspondían con los frentes de explotación, restos de galerías de prospección y una enorme cantidad de estériles o cantos rodados, conocidos por muradellas, resultantes del lavado de los aluviones en busca del oro.

La tradición olivarera es la otra seña de identidad de Peites. Cada vecino tenía sus propios olivos y una pequeña producción anual de aceite, fundamental para sus precarias economías y soporte importante en su alimentación. Eran dos los molinos de aceite o almazaras que había en la aldea y a los que acudía cada vecino, con capachos cargados de olivas para elaborar el aceite.

De uno de estos molinos apenas quedan restos. En cambio, el otro conserva en buen estado todos sus elementos. Su actual propietario es un vecino conocido por don Gonzalo, que ejerció como sacerdote en la parroquia. Es el típico molino de rueda movido por un burro y a veces por los brazos de cuatro hombre. Dejó de moler hace más de veinte años.