El desbroce de la muralla destapa el deterioro de la Torre dos Cregos

Vecinos del casco histórico piden que se reconstruya el tramo cedido a Paradores

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MONFORTE / la voz

Sobre el papel, el expediente de cesión de la muralla a la Xunta podría ser prescindible. Entre otras cosas, porque el equipo de gobierno tiene claro que la titularidad de este monumento corresponde en su totalidad a la comunidad autónoma. La hemeroteca parece darle la razón. En abril del año 2003, la Consellería de Presidencia anunciaba la entrega gratuita al Estado de tres fincas y el tramo de la antigua fortaleza situado entre la Porta Nova y la Torre da Homenaxe, que así pasaban a formar parte del proyecto del Parador de Turismo de Monforte. Esa zona de la muralla está incluida desde entonces en las instalaciones del establecimiento hotelero.

La entrega del monumento, aprobada por mayoría en el último pleno municipal, surge como consecuencia de una iniciativa de los concejales no adscritos. Este grupo entiende que si se formaliza la cesión ya no habrá excusas por parte del Gobierno gallego para acometer obras de recuperación. El pronunciamiento más explícito al respecto por parte de la Consellería de Cultura se produjo en marzo del pasado año, durante el debate de una iniciativa del grupo socialista en el Parlamento, Jesús Oitavén, secretario xeral de la consellería, dijo que se podrá empezar a hablar de un plan plurianual de inversiones cuando la Xunta disponga «de toda a muralla e non de partes inconexas».

La superficie entregada a Paradores, según sus explicaciones, había sido «adquirida» previamente por la administración autonómica. El portavoz de la Xunta no dio más datos sobre esa adquisición. Ni se sabe el importe ni cuándo se llevó a cabo. Tampoco quién o quiénes fueron los «vendedores» del monumento en los terrenos comprendidos entre la Porta Nova y la Torre da Homenaxe. Lo que sí está claro es que los planes para ese tramo de la muralla que se anunciaron cuando se formalizó su cesión nunca se llevaron a cabo.

En plena polémica

En plena polémica por el impacto de las obras del parador, Turespaña anunciaba que la empresa especializada Arqueoconsulting asumiría la restauración de ese tramo de la antigua fortaleza. Las obras se quedaron en una declaración de intenciones y el trazado de la muralla que forma parte del Parador de Turismo presenta un visible deterioro. Las labores de desbroce realizadas por el Ayuntamiento, previa autorización de Patrimonio, ponen de manifiesto el abandono del lienzo en las proximidades de la Torre dos Cregos, una de las seis que se conservan con mayor o menor fortuna a lo largo de los 320 metros de perímetro de la vieja fortificación medieval.

«No se puede entender que la muralla esté en esas condiciones junto a un establecimiento de referencia para el turismo en la Ribeira Sacra, sin que nadie haga nada para solucionarlo», dice el ex concejal Jaime Vázquez, promotor de la rehabilitación de varias viviendas en el recinto intramuros. En representación de los vecinos de esa zona del casco histórico, denunció el mal estado de la Torre dos Cregos al alcalde, José Tomé, y a la diputada autonómica del PP Julia Rodríguez días antes del pleno en el que se abordó la necesidad de inversiones en la fortaleza.

Vázquez sostiene que en el caso de la Torre dos Cregos existe «riesgo evidente de derrumbe» y pide que el Estado se haga cargo de la restauración de la muralla en esa zona con cargo al 1% del presupuesto que destina el Ministerio de Fomento a actuaciones relacionadas con la conservación del Patrimonio.

Solo se retiró un lavadero, algunas tuberías y tapias de ladrillo anexas a la fortificación

Las tareas de restauración que llevó a cabo la escuela taller municipal de 1994 a 1996 entre la Porta da Alcazaba y el Torreón do Cárcere Vello le sabían a poco a los impulsores de la asociación Amigos da Muralla. Aunque las obras del Parador de Turismo serían su principal caballo de batalla, el colectivo se constituyó en el verano del 2000 con el objetivo prioritario de extender a nuevos tramos la rehabilitación de la antigua fortaleza. Su inactividad en los últimos años corre pareja a la ausencia de intervenciones en este monumento, único en Galicia por las dimensiones y el aceptable estado de conservación de buena parte del trazado.

La polémica suscitada por las obras de transformación del monasterio de San Vicente y el Palacio Condal en Parador de Turismo movieron a Turespaña a encargar a la firma Arqueoconsulting diversas actuaciones de restauración. En el tramo de muralla cedido por la Xunta, las intervenciones se limitaron finalmente al derribo de algunos elementos constructivos de carácter reciente. Se suprimieron concretamente un lavadero, algunas tuberías para el riego de fincas y varios tabiques de ladrillo anexos a la fortificación.

Abierta a los visitantes

El proyecto iba a completarse con la consolidación del lienzo mediante el uso de un mortero de cal «de alta calidad preparado en Francia», y con la instalación de unas escaleras y una plataforma de madera que facilitarían a los visitantes el acceso al adarve de la muralla mientras no se se llevase a cabo una intervención de mayor alcance.

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