Un poco de calor para los refugiados de Siria

Rafael Rodríguez, natural de Figueiroá, regresó ayer de una expedición humanitaria a Grecia


monforte / la voz

Durante la primera semana del año se ha desarrollado una campaña de apoyo a los refugiados sirios en Grecia en la que participó una familia de Barcelona relacionada con Sober. Uno de sus miembros es Rafael Rodríguez, natural de la parroquia de Figueiroá y conductor de autobús, que viajó con un grupo de voluntarios para repartir 6.000 abrigos polares que ayudarán a los refugiados a soportar el invierno. La campaña de denomina Un Gesto de Calor y empezó a fraguarse hace un par de meses.

El grupo de voluntarios regresó ayer a la capital catalana, de la que salió el pasado martes. Durante su breve estancia repartieron abrigos entre los refugiados que viven en los campamentos ubicados en las localidades de Vasilika y Oreokastro, con unas 150 personas cada uno. Las prendas también se destinaron al campamento de Softex, que alberga a unos cuatrocientos refugiados. El resto será distribuido durante los próximos días por oenegés establecidas en Atenas y Salónica. Los voluntarios también llevaron folios y lápices para los niños.

Una vez concluida la operación, Rafael Rodríguez no tiene dudas acerca de lo que ha supuesto para el: «Unha satisfacción enorme». La ayuda material aportada por los voluntarios de Un Gesto de Calor -matiza- es muy poco en comparación con las necesidades de los refugiados. «Un polar en si non é nada, unha gotiña no medio do mar», dice. Pero para ellos -añade- también es muy importante saber «que hai xente que se acorda deles». El agradecimiento que mostraron a los voluntarios da prueba de ello. «Viña un neno de catro anos cunha laranxa na man e cando lle puxen o polar deume a laranxa», señala Rafael Rodríguez. «Outro traía tres cocheciños de xoguete e cando lle puxen o abrigo díxome que escollera un coche para min», agrega.

Policías y futbolistas

El voluntario soberino señala por otro lado que entre las familias acogidas en los campamentos de Grecia hay gentes de todos los oficios y condiciones socieconómicas, lo que indica el inmenso trastorno que ha supuesto para Siria la guerra civil iniciada hace ya cerca de seis años. «Entregueille polares a policías sirios, profesores, xogadores de fútbol profesionais...», explica.

Algunos de los refugiados que recibieron los donativos recogidos en esta iniciativa viven en unos apartamentos hoteleros que se encuentran en la localidad de Varna, a unos noventa kilómetros de Salónica. «O goberno págalles a estadía nos hoteis ata que lles conceden o visado, se llo conceden -dice Rodríguez-, pero non teñen os servizos habituais e só contan con cama e arroz á mañá a ao mediodía».

Entre los pocos días que estuvieron en Grecia y el ajetreo que supuso el reparto de la ayuda humanitaria, los voluntarios no tuvieron mucho tiempo ni siquera para descansar. «Dormimos cinco horas ao día», apunta Rodríguez.

Una iniciativa modesta para ayudar a paliar un problema de gran magnitud

La campaña Un Gesto de Calor fue impulsada por un grupo reducido de personas que solo contó con un pequeño apoyo del ayuntamiento barcelonés de Gavá. Los participantes adelantaron dinero para adquirir las prendas de abrigo, que se pagaron recogiendo donativos.

En Grecia viven actualmente unas 60.000 personas que llegaron huyendo de la guerra civil siria y quedaron bloquedas en este país cuando la Unión Europea decidió cerrar sus fronteras y desviar a Turquía el flujo de refugiados de Oriente Medio. En principio estaban concentradas junto a la frontera de Macedonia y después el Gobierno griego las distribuyó por diferentes puntos del país, donde viven en condiciones precarias y con muy escasos recursos.

 

PROBLEMAS BUROCRÁTICOS

El material reunido por los voluntarios de Un Gesto de Calor debía haber empezado a ser repartido el pasado lunes por tres personas que llegaron a Grecia antes que los demás. Sin embargo, el reparto no pudo comenzar hasta el jueves, ya que la llegada del cargamento se retrasó debido a los controles de seguridad en las aduanas. A la derecha, una captura un vídeo muestra la llegada de un camión cargado de ropas al almacén desde el que fueron distribuidas

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