Espeleología de invierno en la sierra de O Courel

Un grupo de doce personas visitó el fin de semana la espectacular gruta de Tara, que se halla totalmente seca


quiroga / la voz

La época invernal no parece en principio la más adecuada para explorar las grutas de la sierra de O Courel, en cuyo subsuelo suelen circular y acumularse enormes cantidades de agua en los períodos más lluviosos. Sin embargo, un grupo de espeleólogos federados recorrió el pasado sábado una gran parte de la gruta de Tara -una de las más espectaculares y menos conocidas de la zona- sin que la humedad les causase ningún problema. «A cova está perfectamente seca e non encontramos nin un charco en todo o percorrido», señala Guillermo Díaz Aira, coordinador del albergue de Quiroga y uno de los participantes en la expedición. «Hai pingueiras nas estalactitas, pero a auga non supón ningunha molestia», añade.

Los expedicionarios pudieron comprobar incluso que algunas zonas de la gruta en las que se sabe que hubo pequeñas lagunas se encuentran secas en estos momentos. Lo mismo ocurre en un sifón terminal que visitaron durante el recorrido, que ahora está vacío. Esta limitada humedad, indica Díaz por otra parte, no tiene por qué estar relacionada con la falta de precipitaciones del pasado otoño porque otras cavidades calizas de la sierra -como la Buraca das Choias- están actualmente rebosando de agua. Lo más probable es que se deba a los procesos naturales de erosión. La cueva de Tara está geológicamente activa y es posible que el agua haya fluido hacia el exterior por aberturas creadas de forma natural. Además, se encuentra relativamente a poca profundidad con respecto a la superficie. En algunos puntos, el grosor del techo puede ser solo de cuatro o cinco metros y en esas zonas se ven asomar raíces de árboles.

Estado intacto

A diferencia de otras cuevas de la sierra, por otro lado, la de Tara está totalmente intacta y no muestra ninguna huella de vandalismo o de expolios. Las estalactitas y estalagmitas que muestran roturas se han partido por causas naturales. Esto se debe, por una parte, a que la boca no es fácil de localizar y de hecho, los espeleólogos prefieren no dar muchas precisiones acerca de su ubicación. Además, la entrada es muy complicada y la salida todavía más, por lo que solo es accesible para personas con una buena preparación en actividades espeleológicas. A esto se añade que en una parte del recorrido es preciso realizar un descenso por un desnivel de unos 37 metros que si no es del todo vertical, sí es sumamente empinado.

La caverna consta de dos galerías o salas de grandes dimensiones. En la expedición del pasado fin de semana, los espeleólogos solo visitaron una de ellas, de una altura de en torno a catorce metros y de una longitud de cerca de cien. También cuenta con diversas galerías y cavidades secundarias en las que abundan las formaciones calcáreas típicas de las cavidades cártiscas, como estalactitas, estalagmitas y coladas.

Para todos participantes en la expedición -en total doce personas residentes en O Courel, Monforte y otras localidades-, esta fue su primera visita a la cueva. No obstante, antes de iniciarla se prepararon cuidadosamente consultando a otros espeleólogos que ya la conocían y estudiando su topografía, realizada hace tiempo por miembros del club vigués Maúxo. Según explica Guillermo Díaz, todos ellos quedaron muy sorprendidos por las dimensiones de la caverna, su espectacularidad y su buen estado de conservación, aunque algunos de ellos cuentan con una larga experiencia espeleológica. Una de las peculiaridades que pidieron observar durante el recorrido fue la presencia de un murciélago en un paraje situado muy adentro de la cueva. «Nunca vira antes un morcego nunha zona tan profunda», comenta a este respecto Díaz.

En la antigua cota glaciar

La cueva de Tara fue visitada por primera vez por los espeleólogos en 1993. Al igual que otras grutas de la zona -como Arcoia, Pena Paleira y Río Pérez- se halla a una altura considerable, en el límite de los glaciares que hubo en la sierra durante el Pleistoceno. Su formación está asociada a los procesos de drenaje de las antiguas masas de hielo. A la derecha, una de las concreciones calizas formadas zonas de la cueva que estuvieron inundadas en su día

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