Volantes, peliqueiros y mecos salieron en Santiago de Arriba para celebrar el Domingo Lambedoiro
25 ene 2016 . Actualizado a las 20:05 h.Hasta la década de los ochenta, cuando trascendió su existencia, el Entroido Ribeirao era el secreto mejor guardado de un puñado de pueblos próximos al Miño de Chantada y Carballedo. Su creciente popularidad no ha sido suficiente, sin embargo, para paliar las secuelas de la hemorragia del despoblamiento rural. Desde entonces, las figuras de los volantes, peliqueiros y mecos se han esfumado en Vilaúxe, Camporramiro, Nogueira y Vilar. La parroquia chantadina de Santiago de Arriba, su último reducto, saludó ayer el reinado de don Carnal con la celebración del Domingo Lambedoiro. A las cuatro de la tarde, el ritmo hipnótico de los cencerros anunciaba el folión. En pleno enero, el termómetro marcaba allí casi veinte grados. Más que nunca, el Entroido Ribeirao era el mundo al revés.
Los volantes ponen la vistosidad en este carnaval tradicional, uno de los de mayor interés etnográfico de la provincia. Son danzantes provistos de aparatosos sombreros con cintas de colores, que desfilan entre las huertas con sus sonoros cencerros hasta llegar a campo en el que tiene lugar el festejo. Los peliqueiros, cuyo rostro está oculto por pieles de animales, también forman parte del cortejo carnavalesco. Solían colaborar con los mecos durante la representación de los oficios, al arrastrar a los vecinos que están entre el público para que se conviertan en improvisados actores -o víctimas, según se mire- de las piezas satíricas.
Este tipo de escenificaciones burlescas también se llevan a cabo -aunque sobre un escenario y en un recinto cerrado- en la parroquia de Salcedo, en el municipio de A Pobra do Brollón, donde se celebra otro de los carnavales singulares de la provincia. La principal diferencia es que en Santiago de Arriba el guion de los oficios es totalmente improvisado. Hasta pocos minutos antes de su comienzo, ni los propios actores saben lo que se va a representar. Esa espontaneidad es uno de los aspectos que más valora del Entroido Ribeirao el escritor Lois Diéguez. «A potenciación turística doutros entroidos tradicionais fixo que derivasen un pouco cara ao espectáculo. O de Chantada ten unha vistosidade e unha pureza case únicas», explica el impulsor de la asociación cultural Lugopatrimonio.
Juan Carlos González, presidente de la asociación de Amigos do Entroido Ribeirao, conoció los tiempos de rivalidad entre las parroquias del Miño donde se mantenía viva la tradición. «Era unha rivalidade. Moitas veces coincidía en varios sitios á vez. A xente dicía: ?se eles o fan, nos non imos ser menos?». Santiago de Arriba es ahora su último refugio. «Para os que o vivimos de nenos, o Entroido vai nas venas», dice Juan Carlos. El Domingo Corredoiro ya está a la vuelta de la esquina.