Un valioso conjunto de madroños junto al río Lóuzara se salvó del fuego
05 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.La pérdida casi total de un valioso bosque autóctono situado entre las aldeas de Lousadela y Cortes es uno de los mayores daños ambientales que causó hasta ahora el incendio forestal declarado en la sierra de O Courel el pasado 25 de julio y oficialmente extinguido el 29. Esta es una de las conclusiones que ha sacado el biólogo y catedrático de la USC Javier Guitián tras un recorrido a pie por la zona incendio que efectuó el pasado fin de semana. En la visita participaron además los también botánicos Pablo Guitián y José María Sánchez.
El científico señala que el bosque quemado se encontraba en el antiguo camino que une los mencionados núcleos y albergaba árboles de varias especies, como robles y castaños. «Lo visitamos hace unos años y el camino estaba un poco abandonado, pero era un lugar muy interesante y muy representativo de los bosques tradicionales de frondosas de la sierra», añade.
Bosquecillos de madroños
En el lado positivo, Guitián apunta que en el siniestro se salvó un importante conjunto de pequeños bosques de madroños que se encuentran en el entorno del río Lóuzara, muy cerca de área quemada. «Son un ejemplo de la vegetación mediterránea que penetra en la sierra siguiendo los valles del Lor y el Lóuzara y es la comunidad de madroños situada más al norte en esta zona», explica.
Otro espacio de notable valor ambiental que se libró de ser arrasado por las llamas -apunta por otra parte Javier Guitián- fue un souto de reducidas dimensiones perteneciente a la aldea deshabitada de Lousadela. La mayor parte de las áreas quemadas estaba poblada por diversas variedades de brezo, sobre todo de la especie Erica australis. «En sí misma, la pérdida de esas plantas no es que sea muy grave, pero su desaparición perjudicará sin duda a los colmenares que hay en la zona y además el riesgo de estragos ambientales por los arrastres de ceniza y la desprotección de los terrenos es realmente muy serio», agrega el biólogo.
La peor sequía que se vio en la sierra en décadas
El incendio de la semana pasada, en opinión de Javier Guitián, es un indicio claro del grave riesgo que está corriendo este verano la sierra de O Courel, donde las precipitaciones tormentosas de los pasados días no han servido para paliar los efectos de una larga sequía. En su reciente recorrido -el investigador se desplazó a pie hasta la sierra de O Courel desde el vecino municipio de O Incio- ha tenido una nueva ocasión de observar el impacto de esta prolongada situación meteorológica, que considera sumamente alarmante. «En todos los años que llevo visitando la zona, pocas veces se vio un nivel de sequedad como el que hay ahora», señala a este respecto. «Incluso las fuentes que normalmente manan durante todo el año están casi sin agua, esto es una sequía extrema de las que no se ven durante décadas», añade.
Si por un lado poco se puede hacer para impedir o paliar nuevos daños ambientales asociados al pasado incendio -considera por otro lado el biólogo-, ahora lo más urgente es reforzar los operativos antiicendios destinados en la sierra, ya que el riesgo de que se produzcan nuevos fuegos forestales es extremadamente alto.
Más medios aéreos
Guitián opina asimismo que es necesario que la zona disponga con la mayor rapidez posible de un número suficiente de medios aéreos capacitados para atacar de inmediato los nuevos incendios que se puedan producir hasta que termine el actual período de sequía. «En el incendio del valle del Lóuzara ya se vio lo difíciles que pueden ser los trabajos de extinción en un territorio con una orografía tan complicada y contando con unos medios aéreos limitados», apunta.
Pese a las tormentas, por ahora no se ven indicios de arrastres de cenizas hacia el cauce
En su recorrido por el valle del Lóuzara, Javier Guitián y sus acompañantes examinaron con detenimiento los límites de las zonas quemadas para comprobar si se están produciendo arrastres de ceniza hacia el cauce del río. Esto es algo que se temió a causa de las tormentas que se produjeron en el sur lucense durante la madrugada del jueves al viernes de la semana pasada.
Al tratarse de una zona aislada, no es fácil corroborar si en la zona quemada descargó en ese momento una lluvia fuerte durante las mencionadas tormentas, que afectaron desigualmente a numerosas áreas de la sierra. Sin embargo, Guitián opina que las precipitaciones no debieron de ser muy intensas en las laderas del valle arrasadas por el incendio. «Por el momento no se ven indicios de que haya arrastres de ceniza por las pendientes, pero ese es un riesgo que no ha disminuido y que va a tardar mucho tiempo en desaparecer», advierte Guitián.
«Esparcir paja en las laderas quemadas no serviría de nada en esta zona»
Javier Guitián Rivera ha estudiado de forma continuada desde mediados de los años setenta la flora de la sierra de O Courel, sobre la que ha publicado numerosos trabajos. El más reciente es Las plantas de la sierra de O Courel, una extensa guía práctica que realizó en colaboración con el fotográfo José Luis Martínez Villar y que se publicó a principios de este año.
-¿Es posible tomar alguna medida para paliar los daños ambientales del incendio del Lóuzara?
-Creo que ahora no se puede hacer absolutamente nada para impedir que haya arrastres de ceniza hacia el río, lo que puede afectar muy gravemente a la fauna y la flora acuáticas. Se podría intentar esparcir paja sobre las zonas quemadas para ayudar a fijar los terrenos y limitar la erosión, pero en una zona como esa, con unas pendientes empinadísimas, seguramente no va a servir de nada. Los remedios de esta clase pueden ser eficaces en otras zonas de pendiente moderada, pero no en un territorio tan abrupto como este.
-¿Hay ahora el mismo riesgo de arrastres que inmediatamente después de que fuese controlado el incendio?
-En eso la situación no ha cambiado en nada y no lo hará hasta que empiece a renovarse la vegetación en las zonas quemadas. Pero para eso tendrían que caer ahora unas lluvias suaves que no arrastren tierra y que permitan que crezcan las plantas.
-Las condiciones meteorológicas del verano parece que no ayudan mucho.
-Es una época muy mala para que se dé una situación como esta, porque existe el riesgo de que en la zona caigan tormentas con lluvias torrenciales. Si eso sucede, los estragos pueden ser muy graves porque en las laderas hay muchísima ceniza acumulada y una lluvia fuerte en una zona de pendientes extraordinarias como esa tendría un poder de arrastre brutal. Lo peor es que ese nivel de riesgo se puede mantener exctamente igual durante muchas semanas, porque aún queda mucho verano y en cualquier momento podrían estallar tormentas. Lo único que se puede hacer ahora es rezar para que caigan algunas lluvias suaves y para que puedan rebrotar las plantas.