Por ahora, según explica José Ángel Ibáñez, los apicultores de Seceda no saben cuánto podrían recibir por los destrozos sufridos en sus colmenas. «No pedimos una cantidad concreta, sino que nos limitamos a explicar en qué consistieron los daños y son los técnicos de la Xunta deben evaluar los costes después de examinar los colmenares», señala. En su caso, el principal prejuicio consistió en la pérdida de dos colmenas. En total, el oso atacó seis veces sus colmenares, pero en algunos casos las colonias de abejas pudieron recuperarse.
Por otro lado, los colmenares de Seceda no volvieron a padecer ataques desde que se protegieron con los pastores eléctricos cedidos por Medio Rural. El biólogo Pedro Alonso señala que los osos que intentan entrar en un colmenar y se ven repelidos por este sistema de protección no suelen volver a ese lugar. «Pero hay que mantener una vigilancia continuada, porque si alguien se olvida de recargar las baterías de los pastores eléctricos, es posible que esos colmenares vuelvan a ser atacados por otros osos», apunta.