Las ochenta páginas del libro están divididos en diez capítulos que pretenden aclarar las dudas que con más frecuencia puede tener un profesional sanitario que trabaje con pacientes que sufran este conjunto de dolencias. Las calcificaciones heterotópicas, las fracturas vinculadas a la osteoporosis o el denominado hombro doloroso del hemipléjico son algunos de los procesos sobre los que los autores dan pautas. Pero el capítulo final aborda una cuestión distinta: los aspectos legales vinculados a la aplicación de tratamientos que todavía no están autorizados expresamente por las autoridades sanitarias españolas.
Son lo que los médicos llaman medicamentos fuera de indicación o de uso compasivo. «A propia administración pública recoñecen que os procesos de validación de medicamentos novos son máis lentos en España e regula o uso en determinadas circunstancias de fármacos aínda non autorizados», indica Xoán Miguéns. El libro recoge la última normativa, aprobada hace solo unos meses por el Ministerio de Sanidad, que simplifica la burocracia que tiene que afrontar un profesional médico cuando se decide a aplicar uno de estos productos aún no visados aquí.
Es el caso de la toxina botulímica, un producto de ingeniería genética que empezó a ser utilizado hace apenas seis años en Estados Unidos, primero para corregir estrabismos y después como relajante muscular para todo tipo de contracturas, también las debidas a procesos de daño cerebral. La relajación de las trabas administrativas y el relativamente bajo coste de la mayoría de estos medicamentos con aplicación en rehabilitación hace que su uso esté cada vez más extendido. En el hospital de Monforte, por ejemplo, una consulta de rehabilitación a la semana se encarga únicamente de los tratamientos con toxina botulímica.