El regadío Val de Lemos se anunciaba como una gran promesa hace 44 años
21 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El canal de regadío Val de Lemos, para el que ahora se busca una fórmula de viabilidad, se anunciaba oficialmente como una gran promesa de futuro hace 44 años, cuando se acercaba la finalización de las obras. La construcción de esta red de irrigación no se había realizado precisamente con premura. Según algunos testimonios históricos, los orígenes del proyecto se remontarían nada menos que a 1883, cuando se inauguró la estación ferroviaria de Monforte. Durante la Segunda República, el Ministerio de Obras Públicas lo incluyó en los planes estatales de obras hidráulicas. Pero la Guerra Civil frustró la iniciativa, que sería retomada en los años cincuenta por la dictadura franquista.
La única visita que realizó Franco a Monforte, en 1960, tuvo precisamente como pretexto principal la «inauguración» del canal, aunque las obras se prolongarían casi una década más. Cuando por fin parecía ya cercano el final, en marzo de 1969, La Voz de Galicia publicó una información basada principalmente en las declaraciones del entonces gobernador civil de Lugo, Eduardo del Río Iglesia, quien unos días antes había pronunciado en Monforte un discurso en el que auguraba un brillante futuro agropecuario para la comarca de Lemos gracias a lo que él calificaba como «fabulosa realización».
Maíz, remolacha y tabaco
Tres años antes, en 1966, el plan de colonización de las zonas regables había sido declarado como «obra de alto interés nacional», a la vez que las entonces llamadas Hermandades de Labradores y Ganaderos de la comarca presentaban al ministro de Agricultura del régimen, Adolfo Díaz-Ambrona, una Memoria socioeconómica del Valle de Lemos con vistas al aprovechamiento de las nuevas tierras cultivables. Según indicaba La Voz de Galicia, los estudios técnicos realizados en esa época aconsejaban potenciar el cultivo de plantas forrajeras, maíces híbridos, prados artificiales, lúpulo, remolacha azucarera e incluso tabaco, así como «el fomento de la repoblación forestal en las zonas óptimas para tal fin».
La zona regable ocuparía una superficie de 4.875 hectáreas, repartidas entre los municipios de Monforte, Bóveda, Pantón y Sober. Cuando todo estos terrenos estuviesen en condiciones de producir, según vaticinaba en su discurso el gobernador civil, se conseguiría «una solución económicamente óptima traducida en un aumento importantísimo de la producción agropecuaria».