Una joven chairega llegó a Castro porque sus padres la consideraban un castigo divino
05 feb 2012 . Actualizado a las 17:38 h.Aterradora. No hay otro calificativo más suave para la historia de una mujer chairega que fue rescatada de un cautiverio a la que sus padres sometieron durante nueve años. La mantuvieron encerrada en un «cortello» de su casa porque, debido a sus problemas mentales, la consideraban como un castigo divino. Que saliera al exterior era como una deshonra para sus progenitores que, además, se veían desbordados porque la pequeña tenía comportamientos autodestructivos.
Esta persona acabó ingresada en el manicomio de Castro donde pasó unos treinta años. No hace mucho que fue trasladada a otro centro donde recibe atención especializada. Actualmente tiene 48 años. Está ciega y sorda.
El caso de esta mujer dio la vuelta a España en el verano de 1984 cuando un periodista que visitó el psiquiátrico supo de su existencia. Una breve referencia publicada dentro del reportaje sobre el centro asistencial puso en alerta a prácticamente todos los medios de comunicación que explotaron un asunto que conmovía al público por su crudeza.
Mal presagio. Esta chairega nació un día 13, en el mes de septiembre de 1964. Su existencia acabó siendo un suplicio. Era la segunda hija de un matrimonio con pocos recursos que fue recluida pocos meses después de su nacimiento en una cuadra que, de vez en cuando, era utilizada para dar cobijo a los cerdos que separaban de su madre. Paja y tojos constituían el único ajuar del reducto que acogía a una chiquilla con una gran discapacidad. El «cortello» ni tan siquiera estaba dentro de la casa como era habitual por aquel entonces. Ocupaba una parte de un alpendre exterior en el que también había un horno.
La prensa de hace veinte años publicó aterradores testimonios de sus padres que decían que encerraban a su hija para que no se escapara y para que no fuera vista por los vecinos. Temían que si la dejaban en casa se tirara por la ventana o por las escaleras.
Para ellos, no era más que una maldición divina que les había caído, sin saber por qué. Consideraban que las crisis de agitación que sufría periódicamente eran «cousa do demo». Quizás si en aquel momento la chiquilla recibiera atención especializada su vida hubiera sido muy distinta.
Situación límite
Los vecinos de los padres de esta mujer contaron repetidamente a los periodistas, que cayeron en masa en la aldea, historias que reflejan la complicada relación que mantenían los padres de la niña que vivió en una situación límite, sin ni siquiera saber lo que era la luz del sol hasta que fue sacada de su patético encierro.
Actualmente, el padre ya no vive. La madre es de edad avanzada y está bastante enferma. En su día contó a los periodistas su dramática vida. Vivió en la pobreza. Cuidó una vaca que era su sustento, pero un día el animal comió un saco de harina y reventó.
La progenitora relató que su boda había sido programada por su madre que intentaba deshacerse de ella y de la criatura que había dado a luz obligándola a casarse con un hombre al que, según manifestó, nunca llegó a querer.
historias de manicomio El drama de una mujer con comportamientos autodestructivos