La religión está en el corazón y no en las rodillas, escribió Douglas W. Jerrold, y tenía razón. De esto me dí cuenta después de escuchar al obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, en las Jornadas Pasado, presente y futuro de Galicia, que organiza por estas calendas en Madrid, la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo CEU. Allí estábamos gallegos, y no gallegos, a los que nos une siempre el eco de la tierra y el fulgor de la palabra. El ministro Romay Beccaría, el secretario del obispo de Madrid, Andrés Ramos, el decano Francisco Serrano, el profesor Martín Berrio, Enrique Beotas, señor de la comunicación, y así. En este caso, nuestro obispo habló del Camino de Santiago, un tema usado hasta el infinito tras el Xacobeo, pero que sonó en el recinto universitario nuevo, riguroso, y creativo.
Beotas, que presentó al obispo, resumió su personalidad: un villalbés de la cosecha del 56, que cursó con brillantez sus estudios en el seminario de Mondoñedo. «No hubo diócesis del camino Vaticano que no estuviese en el corazón y en las sandalias de este licenciado en Filosofía por la Pontificia de Salamanca, un hombre cuya excelencia teológica queda ensombrecida por su condición de boa xente. Un doctor en Teología por Friburgo, donde se formaron curas que llegaron a cardenales y papas». No haría falta decir más, salvo que su conferencia fue magistral expresión de sabiduría, cita de autores desde el siglo IV, y evocación de la ruta de devoción, cultura y pensamiento cristiano. Carrasco ha bebido en las fuentes teológicas de talentos como el cardenal Rouco, su tío, y Ratzinger el pontífice de Roma. Y se le nota.