Nuevos datos sobre una especie extinguida

La Voz

LEMOS

Los investigadores esperan que el estudio de los fósiles de oso cavernario hallados en las montañas lucense ayude a conocer mejor la relación que tuvieron las poblaciones locales de esta especie extinguida con las que existieron en otras partes del continente, así como a profundizar en el conocimiento de los cambios ambientales que pudieron influir en la evolución de las poblaciones de oso pardo.

Un estudio realizado hace años con una pequeña muestra fósil de oso cavernario hallado en Liñares -en el municipio de Becerreá- indicó la existencia de paralelismos genéticos con ejemplares de esta especie hallados en Bélgica, Francia, Alemania y Eslovaquia. No obstante, Aurora Grandal puntualiza que la similitud entre los marcadores genéticos que se analizaron en este estudio no quiere decir que hubiese un parentesco directo entre las poblaciones de todas estas zonas.

Con posterioridad a ese estudio, por otra parte, los científicos han podido agrupar todos los osos cavernarios conocidos en Europa en dos tipos diferentes. Por un lado, existió una población más antigua, cuyo territorio se extendió desde Centroeuropa hasta la costa atlántica. En el resto del continente, el oso cavernario indígena fue reemplazado poco a poco por otra población, procedente al parecer de Asia. «Las diferencias entre estos dos grupos se registran solo a nivel genético y no significa que unos y otros fuesen distintos en su aspecto físico, en su alimentación o en su modo de vida», explica Grandal.

Muestras numerosas

Los investigadores disponen ahora de muchas más muestras fósiles de oso cavernario que las que se conocían cuando se llevó a cabo el mencionado estudio, por lo que se espera que ahora se puedan obtener datos más completos y fiables sobre las poblaciones gallegas, que ofrecen especial interés por encontrarse en el extremo occidental del área de distribución de la especie y porque se cuentan entre las que sobrevivieron durante más tiempo.