Desde la pasarela

Manuel Piñeiro

LEMOS

Lugo ya puede presumir de pasarela sobre el Miño. Su parto ha sido la culminación de un embarazo no deseado, porque hasta la primera concesionaria había quebrado y la obra pasó a adquirir el carácter de romana. Es nuestro sino. Nuestras infraestructuras son más bien escasas, salvo excepciones, y siempre cierran el furgón de cola de nuestro desarrollo. Tarde, mal y arrastro llega esta pasarela, que ha quedado muy coqueta y estética. Incluso su luminaria está a tono con el contorno de la obra.

Desde esa atalaya sobre el Miño se contempla su majestuosidad. Es una panorámica preciosa, pero no nos la merecemos, porque si levanto la vista, inexorablemente me tropiezo con la pesadilla del mamotreto del Garañón, colgado de las cuestas del parque Rosalía de Castro como un atentado impune al sentido más común. Como tampoco somos dignos depositarios de una muralla Patrimonio de la Humanidad, cuando, entre otras muchas cosas, se autoriza la circulación de perros por su adarve para que depositen impunemente sus excrementos.

Orozco nos dice que debemos estar orgullosos de nuestra policía. Pero, ¿debemos estarlo de su gestión al frente de la misma, con la que mantiene un contencioso eterno? ¿Y del tráfico rodado, de su vigilancia y del caos existente? ¿Estamos los lucenses protegidos debidamente, o sufrimos un abandono tan negligente como sonrojante?

Ah, y procuren darse una vuelta por la pasarela sobre el Miño lo más pronto posible, antes de que los vándalos la dejen a oscuras, como a la misma Muralla.