Perdidos hacia el Apóstol

La Voz SARRIA/LA VOZ.

LEMOS

La mala señalización del camino francés complica la marcha de los peregrinos tras su entrada en Galicia

15 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Son las seis y media de la mañana. Un día más, La Voz de Galicia se pone en ruta con Carlos Zamudio, Ana Aromí y Gema Barco por el camino francés. Por las sendas se ven de lejos los peregrinos que han decidido emprender la marcha hacia Sarria. Aquella Santa Compaña que siempre estuvo presente en la cultura gallega como un símbolo a medio camino entre la realidad y la leyenda, hoy todavía existe. La procesión de luces que van por los senderos en busca de un alma sigue presente. Sin embargo, esos brillos en la oscuridad ya no surgen a partir de los candiles. Ahora los diodos Led de los peregrinos representan esa famosa procesión en busca de su propia alma. Con suerte y acierto llegarán a su destino. Si se dejan guiar por las señalizaciones, habrá que hablar de un nuevo grupo de peregrinos perdidos en el monte.

Si a la dureza de un camino compuesto, en su mayor parte por piedras que provocan algún que otro resbalón, se le suman las agujetas y dolores musculares la hazaña tiene su mérito. Si el peregrino es capaz de hacer la ruta sin preguntar ni una sola vez se podría hablar de proeza. En las dos primeras etapas del camino francés que hemos realizado, rápidamente se han podido observar señalizaciones incorrectas, inoportunas o inexistentes. Las primeras por la ubicación de las flechas que indican el camino a seguir. Un buen ejemplo se encuentra poco antes de llegar a Triacastela. Allí, un contenedor de basura hace de soporte de la única flecha existente en el lugar. El cubo, manejable y ubicado en función de las necesidades de sus usuarios, bien puede estar situado con su señal apuntando hacia el siguiente tramo del camino, sin embargo, en un solo día también puede indicar que se debe dar la vuelta por donde uno ha venido o que la ruta a seguir está por en medio de unos matorrales que llevan a una finca.

De bar en bar

Inoportuna es otro de los calificativos más aptos para la señalización porque, en la ruta realizada ayer de Triacastela a Sarria por San Xil, los mojones desorientaron muy a menudo a los peregrinos. Eso cuando no les hicieron tomar una desviación para pasar por delante de un bar y volver de nuevo a la ruta por la que venían. Un ejemplo que se puede encontrar en Furela, en el concello de Samos.

Inexistente también entra dentro de esa enumeración de adjetivos que definen a la señalización del Camino. En los mapas, las etapas aparecen en función de los pueblos o parroquias por los que pasa el camino. En cambio, en la ruta jacobea estos lugares no están indicados. Esto hace que aquellos puntos ya marcados por el peregrino para hacer una parada y descansar sean difíciles de reconocer. Es habitual, como muestra, que los caminantes se pregunten unos a otros si ya han llegado a un pueblo o no lo han hecho todavía.

Pero la experiencia de peregrinos como Carlos Zamudio o Ana Aromí, que empezaron su camino en León, demuestra que hay otra serie de indicaciones que en Galicia no existen y que sí están presentes en las comunidades que la preceden en el Camino. Según dicen estos dos catalanes, en Castilla y León podían encontrar una señal a la entrada de cada pueblo que no solo les decía el lugar en el que estaban, también les indicaba por donde discurría la ruta dentro de la localidad, de qué servicios disponía la villa y en qué punto se encontraban las farmacias, establecimientos u organismos oficiales.

Mañana, la Santa Compaña de peregrinos volverá al Camino. La Voz de Galicia, un día más, lo recorrerá de la mano de estos catalanes que ya cuentan las etapas que faltan para Santiago.