Las numerosas casas en mal estado en el casco viejo de Lugo reflejan el fracaso de la política de impulso a la rehabilitación
13 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo, su casco histórico, quiere dejar de ser una ruina y apenas lo consigue. Algo avanza, sí, pero cuando rehabilita un edificio, que es de tarde en tarde, se cae otro, y después otro. Pasa mucho en Lugo esto de que se hundan los viejos edificios que son la memoria de piedra de la ciudad. Hace nada se cayó otro en la Rúa Nova y el Ayuntamiento hizo lo que sabe hacer en estos casos, que es inundar de papeles al propietario. El presidente de los constructores, Hipólito Trinidad , que no es filósofo, razonó como un clásico en mensaje dirigido al alcalde Orozco , que sí sabe de filosofías: si multas a quien no tiene dinero para restaurar su casa, aún tendrá menos dinero y menos posibilidades de rehabilitar el edificio o lo que sea. En el corazón de Lugo hay aún mucho edificio en ruina, como hay exceso de pintadas y falta de decisión para acabar con ellas. En Lugo, en su casco histórico, la ruina es «municipal y espesa».
La pintada es un desahogo, un grito sobre la pared, un disparo de pintura. Detrás de cada pintada hay un cabreo, un anhelo no satisfecho, una angustia, un ansia de dejar huella. Por eso es tan difícil acabar con las pintadas. Pero también es difícil, claro, porque la autoridad municipal (y las otras, también las otras) es pusilánime, pelín torpe y como desganada en la cosa de perseguir y ajustar las cuentas al infractor. Es, claro está, una tarea molesta e ingrata. Y así el concejal de Medio Ambiente, Lino González , ve al grafitero galopar agarrado al aerosol, mientras su brigada de limpieza avanza al paso, con el aire cansado de los pelotones vencidos. Con el chorro de agua de los borradores de pintadas se fueron 12.500 euros de los lucenses en este año 2010. Sobre la ruina inmobiliaria queda grabado el grito gamberro que es la pintada; sobre ambos, los euros de los contribuyentes diluidos en el aguarrás que dispensa el gestor público. La ruina inmobiliaria anunció esa otra ruina de recortes salariales y derechos laborales tan fresca, tan reciente, que es la crisis económica. Y con ella, más cabreo, más angustia y más pintadas.
Corren tiempos difíciles, sí. Lo son para los sindicatos, atrapados entre la historia y el presente amorrado a las ubres institucionales. Se les ve despistados, sin saber muy bien si son blancos o rojos, si esto o lo otro. Y así misteriosas fuentes de la dirección de Comisiones intentan enmendar la plana al responsable de Servizos a Cidadanía, José Luis González Santiago , en el apoyo que le presta a un delegado sindical en la Policía Local de Lugo. Son cosas que pasan, en lo sindical como en lo político, como se vio en la semana tensa del Bloque. La UPG quiere a Antón Bao como candidato a la alcaldía de Lugo y Máis Galiza deja en el aire el aviso de que ya nada volverá a ser igual en el Bloque. Y quien lo dice es el concejal Xosé Chorén , que es como decir Xosé Anxo Lage con gorra de cartero. A Bao, vicepresidente de una Diputación en la que no cree, lo buscan con interés (no consiguen que los reciba) los directivos de un club de buceo que impartieron cursos de verano que no han cobrado. También tendrán interés en intercambiar opiniones con él los sesenta cursillistas que aún no han recibido sus títulos.
Así las cosas, quizá sí, quizá tiene razón José Blanco , ministro de Fomento, y es hora de revisar si aún tiene sentido la existencia de las diputaciones. El presidente de la de Lugo, José Ramón Gómez Besteiro , socialista y coñón, le dijo al periodista en el consistorio: «Seguro que [Blanco] se refería a las de Castilla; porque estaba allí cuando lo dijo, ¿no?». Covas , tan filósofo como ordenanza municipal (jubilado), de haber escuchado a Besteiro, hubiera sentenciado: «Barredura, todo barredura», que es su modo peculiar de enjuiciar estas cosas de los políticos; dicho en fino: fruslerías, naderías, futesas. Y así, claro, Lugo sigue el camino, mantiene, con los que gobiernan ahora, el rumbo que le marcaron los que gobernaron antes. Lo dice el informe Lugo en cifras , según el que la provincia pierde población, empresas, empleo y granjas. Vaya, que progresa adecuadamente en la línea habitual. Parece que al presidente de Impulsa Lugo, Jesús Pernas , le queda aún mucho trabajo por delante.
Lugo, sí, bajo la lluvia intensa de junio, tiene aún cierto aire de ruina en su corazón amurallado, pese a tanto edificio ya rehabilitado. La casa hundida en la Rúa Nova es un punto y seguido en el informe de la CEL, es la Diputación con un copiloto que no quiere que exista; es la carrera perdida por el edil tras el pintaparedes veloz. En el aerosol del grafitero hay quizá un intento de evitar que Lugo sea, en su casco histórico, ciudad que «yace envuelta en sueño», en la que «todo al silencio convida».