El monfortino Domingo Pérez dedicó medio siglo a un oficio que ya ha perdido la mayor parte de su carácter artesanal
05 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lo suyo fueron cincuenta años de profesión. Medio siglo pegado a una lupa y un torno, sus herramientas de trabajo en los tiempos en los que las piezas minúsculas que mueven los relojes no venían de China, sino de talleres como el de Domingo Pérez Soto fundador de la Joyería Domingo y uno de los comerciantes monfortinos homenajeados ayer en el parador de turismo en la cena organizada por el centro comercial urbano. Tiene 85 años y lleva ya tiempo jubilado, pero aún es fácil verlo en la joyería, curioseando en el taller.
-¿Cuánto tiempo lleva abierta la Joyería Domingo?
-Abrimos en 1957, en el local del tramo estrecho de la calle Cardenal que cuando nos cambiamos a la esquina con Hermida Balado empezó a utilizar Arcadio, el fotógrafo.
-¿Era un negocio heredado?
-No. Antes de abrir la tienda, estuve unos años al frente de un taller de Oviedo en el que hacíamos trabajos para otros joyeros y relojeros.
-¿Allí fue donde aprendió el oficio?
-El oficio lo aprendí antes por mi cuenta, porque ser relojero fue siempre mi vocación. El primer reloj que desmonté, con 15 años o así, no fui capaz de hacerlo funcionar de nuevo. Era de mi padre y se quedó sin él. Pero el segundo, sí que pude montarlo otra vez y ponerlo a funcionar, después de fijarme bien en todas las piezas y en cómo estaban colocadas. Aquella fue una de las alegrías más grandes de toda mi vida. Lo recuerdo perfectamente.
-Habrá cambiado mucho el oficio desde entonces.
-Mucho. En lo que respecta a la joyería, aquí hubo una época, entre los años sesenta y setenta, muy buena para el negocio. Se vendía mucho, y sobre todo de oro, gracias a las personas que en aquella época emigraban a otros países. Casi todos tenían que dejar aquí a los hijos con sus familias, y cuando volvían les gustaba regalarles a sus padres joyas de oro.
-¿El oficio de relojero mantiene hoy aquel carácter artesano?
-Yo creo que ahora es completamente distinto. Antes teníamos que hacer absolutamente todas las piezas nosotros, eran muchas horas de trabajo con el torno. Ahora apenas se trata se trata de pedir las piezas y colocarlas en su sitio.