El emblemático templo de Portomarín sufre serios problemas con la humedad y los excrementos de las aves. Técnicos de Cultura estudiaron la situación con detalle
21 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La iglesia de San Nicolás de Portomarín es uno de los emblemas del camino Francés y es visitada por miles de peregrinos todos los años.
La mayoría de romeros y turistas que la visitan se llevan la desagradable sorpresa de comprobar en primer lugar como las manchas de humedad son ya más que evidentes tanto en su fachada principal como en su interior. Los feligreses que acuden habitualmente a las misas oficiadas por don Antonio también sufren las inclemencias climatológicas cuando llueve con una cierta intensidad y el agua penetra con relativa facilidad en el interior del edificio.
La humedad es uno de los grandes problemas. El techo tiene deficiencias por las que entra el agua originando daños en la cubierta y también penetra en gran cantidad en otros puntos como el rosetón o el campanario.
Otro inconveniente muy serio son los excrementos de los pájaros, sobre todo palomas, que se reúnen por toneladas en las dos grandes galerías superiores de la iglesia. Las redes que colocó el sacerdote evitan una gran parte del daño, pero aún así una gran cantidad de deposiciones obliga a hacer limpieza general un par de veces al año para evitar que se produzcan daños arquitectónicos graves.
El tercer gran inconveniente es un gigantesco nido de cigüeña en una de las torres principales que amenaza con derribar la estructura. El traslado ya está autorizado, pero por el momento no lo realizaron.
El templo precisa de una actuación inmediata, de lo contrario su deterioro puede ser muy grave y a afectar a elementos arquitectónico únicos.