Los socialistas lucenses inician una nueva etapa, dirigidos por Ricardo Varela, dispuestos a consolidar la Diputación
18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Caen en Lugo este otoño gobiernos locales como caen las hojas, y hay en el aire político la misma melancolía de democracia que trae el frío de octubre de los alegres días de verano. Las mociones de censura de Láncara y O Courel devuelven a Lugo a un tiempo de modos que parecían idos; a un tiempo que fue eterno.
Llegan desde la montaña a la capital los ecos de una historia de traición en el seno socialista, que hace posible la censura, y vuelven a escocer en la capital las viejas heridas del PSOE que fueron Fabriciano González y José Antonio Mouronte . Ahora que los socialistas estrenan nueva organización provincial, hacen de Darío Piñeiro y José López imagen de dos alcaldes víctimas de las tretas del PP para gobernar allí donde no gobernaba. El silencio primero de José Manuel Barreiro , frente a las acusaciones que le hizo el socialista Lago Lage, quedará anotado, sin duda, en la historia de la política lucense.
Los socialistas estrenan organización provincial y el nuevo secretario general, Ricardo Varela , asume el cargo casi al mismo tiempo que pierden sus sillones de alcalde Darío Piñeiro (Láncara) y José López Fontal (O Courel). El PP, por activa o por pasiva, abrió la caja de los truenos, y tensó la política lucense. El congreso celebrado ayer por los socialistas tuvo dos protagonistas: las mociones de censura y las próximas elecciones locales. El PP y el PSdeG van a librar una larga batalla hasta los próximos comicios municipales y será una batalla a cara de perro, sin cuartel. López Fontal fue ayer el vicepresidente de la mesa en el congreso provincial del PSdeG; fue una ocasión de homenajear a un veterano del partido que ha cosechado mayorías absolutas.
La política lucense se caliente a medida que se enfría el otoño. La temperatura subirá en los ámbitos institucionales en las próximas semanas. En la Diputación, su presidente, J osé Ramón Gómez Besteiro , tiene por delante el duro trabajo, cada día más duro a medida que caen alcaldías socialistas, de consolidarse al frente de la institución. En amplios sectores populares hay un optimismo nada disimulado ante la posibilidad tomar de nuevo las riendas del palacio de San Marcos después de las próximas elecciones locales. Con un socio de gobierno, el Bloque, que no acaba de encontrarse a sí mismo, los socialistas se enfrentan a meses muy difíciles. De cómo se entiendan y coordinen el secretario general provincial del PSdeG, Ricardo Varela, y el presidente de la Diputación, dependerá en gran parte el éxito de este partido frente a la maquinaria popular, propulsada con combustible marca Xunta.
A los socialistas les va a resultar muy necesario cuidar mucho cada paso que den en las instituciones. De ellas, el Ayuntamiento de Lugo es la más visible, junto a la Diputación. Asuntos como la polémica convocatoria por concurso-oposición de dos de las principales plazas a cubrir en la Policía Local no ayudan precisamente a hacer del Concello de Lugo un referente. Ha llovido mucho en materia laboral en el consistorio lucense. Y sigue cayendo agua a jarros. El concejal de Réxime Interior y Protección da Comunidade, José Rábade , avanza imparable por la senda que se trazó, o le trazaron, camino de un destino tan incierto como peligroso. Ni cambia de vía, ni parece que nadie en el PSOE considere necesario que lo haga. No importan las sentencias judiciales que indican que algo no anda bien en la política laboral del Ayuntamiento de Lugo. La más reciente, una condena por acoso laboral. Es verdad que es un fallo recurrible, pero también es verdad que a quien juzgó en primera instancia no le cupo duda de que existió «conducta hostigadora». Y el alcalde López Orozco , que quiere ser candidato otra vez, dijo ayer en el congreso de los socialistas: «A nosa ideoloxía é a que pode traer mellores froitos aos cidadáns». En la sala, entre los invitados, había representantes de varias organizaciones sindicales.
La democracia está consolidada, pero en Lugo no siempre tiene sus mejores formas. En este otoño de mociones de censura, de política agitada y agria, no se escucha más voz que la voz de los partidos. La voz de la sociedad no militante no se escucha; calla y deja hacer mientras cunde el desánimo. Qué se hizo, se preguntan muchos lucenses, del asociacionismo independiente, qué de los foros de opinión, dónde está la disidencia interna que vivifica y moraliza los partidos. Ya dijo Edward Kennedy que, en política, como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto está mal. Aunque cuadren las cuentas, como en las mociones de censura.