La montaña tiene que ir a Sogama

B. Lázare

LEMOS

Medio Ambiente y el Juzgado apremian a los concellos de la comarca para que dejen de utilizar los basureros, pero la planta de recogida de Becerreá no da abasto

04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Incluso en una materia que se presta tan poco a la lírica como la recogida de basura se pone de manifiesto que la cantinela «ayudar a fijar población en las zonas rurales desfavorecidas» es mera literatura. Todos los concellos de la zona de Os Ancares y A Fonsagrada tienen un gran problema que resolver, que consiste en clausurar en lo que queda de año los vertederos que aún siguen utilizando varios, y a la vez compartir la planta de recogida que tiene Sogama en Becerreá, que ya está totalmente saturada pese a que aún la utilizan la mitad de los previstos.

Por otra parte, el cambio de sistema incrementará notablemente unos costes a los que difícilmente podrán hacer frente sin multiplicar el precio de los recibos en algún caso, decisión que tampoco consideran asumible por los contribuyentes. Una vez más, los más débiles salen peor parados porque las subvenciones para el traslado de la basura pueden ser suficientes en el caso de los concellos más próximos a la planta de Sogama, pero no para estos municipios, muy alejados.

Algunas quejas son compartidas por todos los alcaldes de ambas comarcas, pero a mayores cada uno tiene su problema particular. El blanco de todas ellas es Sogama, que hasta el momento no dio ninguna solución, aunque anteayer convocó a algunos mandatarios a una próxima reunión, generando ciertas expectativas por las soluciones que pueda plantear.

Una directiva de la Unión Europea obliga a que el día primero de enero estén clausurados todos los vertederos, porque de lo contrario tendrán que hacer frente a fuertes multas. La medida afecta directamente a Pedrafita, Navia de Suarna y A Fonsagrada, que si no cambian los planes llevarán la basura a la planta de Becerreá, en la que también la están depositando As Nogais y Cervantes. Algunos recibieron llamadas de Medio Ambiente instándolos a que cierren los vertederos, e incluso en algún caso el apercibimiento llegó directamente del juzgado, que concede un plazo «prudencial».

Pero tanto los primeros como estos dos últimos comparten otro problema derivado de la falta de capacidad de la tolva de la planta, lo que impide que puedan descargar cuando llegan. Y ahí entra en escena la principal queja de Becerreá, que tiene que dedicar un empleado a coordinar y a hacer llamadas a Lugo para que lleven los residuos, y a los otros concellos para informarlos de cuándo hay espacio y cuándo está llena.