Otra vendimia loca en la Ribeira Sacra

LEMOS

La recogida de la uva se adelantó una semana y el alcohol aumentó una media de casi dos grados tomando como referencia las mismas fechas de la pasada campaña

04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Tomando como referencia las mismas viñas e idénticas fechas, la vendimia de este año se caracteriza por un incremento de casi dos grados de media en el contenido estimado de alcohol en mosto con respecto a la anterior campaña. Esta es una de las conclusiones que se desprenden de los controles de maduración que llevó a cabo el consejo regulador para fijar el comienzo de la recogida de la uva en el conjunto de la denominación de origen. Según los responsables de los muestreos, la presente campaña llegó con una semana de adelanto si se compara con la de 2008. «Os niveis de maduración do día 21 de setembro no pasado ano déronse neste o día 15», apunta Beatriz Soto, directora técnica de Ribeira Sacra. Los muestreos de este año ofrecen datos concluyentes sobre el vertiginoso ritmo de maduración de la uva en una campaña en la que, paradójicamente, el mal tiempo de julio hacía temer un retraso en el comienzo de la vendimia. Por ejemplo, una de las plantaciones de mencía de Doade controladas por el consejo que el 9 de septiembre del 2008 daba una media de 11,4 grados de alcohol alcanzó año 14,6 grados dos días antes. Las más precoces Las viñas más precoces en cuanto a maduración de todas las zonas en las que se realizaron controles son de nuevo las situadas en laderas del Sil, donde la mencía superó en todos los casos los doce grados la primera semana de septiembre. Las excepciones también son las habituales y se sitúan en viñedos de Portotide, en la ribera del Miño, y en la parroquia quiroguesa de Montefurado. Esta última es una de las zonas de maduración más temprana en la Ribeira Sacra, como acredita el hecho de que en algunas viñas la mencía alcanzase este año los trece grados el día 3 de septiembre. En los muestreos que sirven de referencia para abrir la vendimia se mide el grado alcohólico potencial, la acidez y el ph. Cuanto más alto es este último indicador, el vino tiende a perder frescura y es más propenso a la oxidación y menos resistente a la acción de bacterias y microorganismos. Los expertos sostienen que un ph de entre 3,1 y 3,4 es una garantía de estabilidad, pero los tintos de la Ribeira Sacra, por el tipo de suelos y la baja acidez de la mencía, rebasan con frecuencia el máximo aconsejado. Para corregirlo, se aplican técnicas enológicas durante la elaboración.