El desarrollo del planeamiento y la Policía dan argumentos al PP para preparar el intento de recuperar la alcaldía de Lugo
27 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo es una provincia mediática. Sale con frecuencia en los medios de comunicación que se distribuyen más allá de Pedrafita. Lugo, cuando es noticia al otro lado del túnel de Villafranca, no lo es casi nunca por la recuperación de sectores estratégicos que caminan hacia el desastre. No. Con frecuencia es noticia por el protagonismo de su capital en asuntos que mueven a la hilaridad, al choteo y la guasa. En Lugo, la Muralla pierde protagonismo cuando a los agentes locales les roban las carteras en el armero de la sede policial. Y es más noticia si el alcalde, que es el jefe de los policías, asegura que desconoce el incidente, que sí admite el concejal responsable de los agentes. El alcalde, José López Orozco , y el subdelegado del Gobierno, José Vázquez Portomeñe , insisten, ahora que llega San Froilán, fiesta de interés turístico nacional, en que es una ciudad tranquila.
En Lugo, ya se sabe, la tranquilidad es la norma. Es una provincia de vivir sosegado y la capital marca la pauta. Lo de las carteras evanescentes es, según parece, una anécdota en la ciudad tranquila (según opinión repetida de Orozco y Vázquez Portomeñe). Las carteras menguantes en la sede de la Policía Local son un subrayado, un colorín en el cuaderno de bitácora, en la historia de un municipio de ediles que jamás dimiten. En las filas de la oposición municipal lucense machacan una y otra vez al alcalde Orozco por el flanco que, también una y otra vez, descubre el concejal Rábade . En el mercado electoral, para el popular José Manuel Barreiro las desvalidas carteras policiales son un maná inesperado, el tónico que le regala el PSOE al candidato probable que es Jaime Castiñeira , al concejal batallador que es Enrique Rozas . En el palacio de San Marcos, el joven líder socialista que es Gómez Besteiro observa estupefacto el nuevo capítulo en el serial interminable en que se ha convertido la Policía Local.
Lugo, capital y provincia, es ejemplo de tranquilidad en casi todos los campos. En el urbanismo la tranquilidad es total. Bueno, casi. Cuando la crisis económica y financiera y el baile de leyes, planes y ordenanzas consiguieron parar la actividad en la construcción, casi se alcanzó la tranquilidad total, el sosiego pleno. Casi. La capital ayuda a que aún queden algunos puntos de interés en este mar de calma que son el urbanismo y el sector de la construcción.
La reciente sentencia que anula la urbanización de los terrenos de O Garañón, al pie del parque de Rosalía, anima los días de los lucenses. Queda por delante aún un largo camino judicial, pero son muchos los ciudadanos que temen que, al final, el Concello acabe pagando una considerable cantidad de dinero. Ya pasó antes, a causa de decisiones tomadas hace más de una década, y de las arcas municipales salieron 600 «millóns das antigas pesetas», que dijo el socialista López Orozco. La arquitectura (vale decir el urbanismo), escribió el holandés Rem Koolhaas, es una mezcla paradójica de poder e impotencia. Pues eso. La política, dijo Groucho Marx, es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Sume el lector la opinión del arquitecto y periodista holandés a la del cómico y tendrán la clave para entender ese otro culebrón inacabable que es la urbanización de la unidad de actuación CS-5, al pie del parque Rosalía de Castro de la capital.
En Lugo hay asuntos municipales que dan mucho juego, que dan para jugar durante mucho tiempo. En el arte del enredo consistorial la concesión del matadero municipal es el no va más del enredo. ¿Es posible que una empresa concesionaria de un servicio municipal lleve más de veinte años funcionando y nunca haya atendido debidamente sus compromisos económicos con el Ayuntamiento? Lo es. ¿Y cómo es posible? Pues es posible porque los alcaldes que han sido desde Vicente Quiroga les salieron a los lucenses un poco flojos, un tanto escasos en esto de echarle lo que un alcalde tiene que echarle a la defensa de los intereses municipales en casos como éste. Y así llegó la cosa a este mandato del socialista Orozco, que es el tercero del alcalde filósofo; y parecía que el socialista se había puesto en su sitio, que estaba gallito y olé en el asunto del matadero. Pero, ¡ay!, también en esta ocasión empezamos con el pero, la dificultad y el no sé qué. Aún así, de momento, queda la esperanza de que ponga fin a la sangría económica, al desmán de la concesión. A lo mejor, por una vez, Lugo sale bien en los papeles, o sea, sin agentes desplumados en la sede de la Policía Local y así.