El temor a que la recogida de enseres domésticos deje de ser gratuita origina que muchos sarrianos depositen todo tipo de grandes residuos al lado del punto limpio
04 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La simple posibilidad, anunciada la pasada semana en un reportaje sobre las plantas de transferencia la pasada semana, de que los concellos se vean obligados a cobrar por la retirada de objetos voluminosos ha generado una cierta psicosis en los sarrianos, que han optado por llevar todos los enseres domésticos que tenían almacenados a la puerta del punto limpio.
El trabajador encargado de la planta tiene que emplear una gran parte de su jornada en recoger gran cantidad de neveras, televisores, madera, colchones y muchos otros enseres de gran tamaño que todas las noches depositan al lado del acceso a la planta de transferencias.
La realidad es que por el momento ni el Concello de Sarria ni ningún otro se haya planteado cobrare por la recogida de objetos para trasladar al punto limpio y solo lo contemplan como una medida para el futuro en el caso de que no lleguen a un acuerdo con la Xunta para cumplir el convenio que estaban a punto de subscribir.
La solución a este inesperado problema no es sencilla, pero se están manteniendo negociaciones desde distintos frentes y es posible que se alcance un acuerdo satisfactorio. El organismo que ha puesto un mayor empeño, al margen de todas las entidades locales, es la Fegamp, cuyos dirigentes tienen esta reivindicación como una de las más urgentes. Los representantes de los municipio son conscientes del problema que supondría para las arcas municipales asumir un nuevo y considerable gasto, así como el trastorno de tener que trasladárselo a los vecinos.
Los propios concellos también están buscando soluciones alternativas, una de ellas es cobrar por servir de almacén de estos residuos, para evitar que los usuarios tengan que soportar un nuevo gasto.
De momento esta pequeña crisis ya tiene una víctima colateral, el trabajador del punto limpio de Sarria que ha tenido que redoblar esfuerzos ante la avalancha de grandes enseres con los que se encuentra cada mañana cuando se incorpora a su puesto de trabajo.